Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.101
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DAMA
¿No será venenoso?
MEFISTÓFELES (Indignado.)
¡Respeta a quien se debe! Habrías de ir muy lejos para encontrar un carbón similar. Lo he traído de una hoguera que atizamos con gran afán en otro tiempo.
UN PAJE
Yo estoy enamorado, pero no me consideran hombre hecho y derecho.
MEFISTÓFELES (Aparte.)
Ya no sé a quién tengo que atender. (Al PAJE.) No cifres tu dicha en la conquista de la más joven. Te sabrán apreciar las maduras. (Otros se acercan a él.) Otros nuevos. ¡Qué lucha más dura! Por fin voy a zafarme de esto apelando a la verdad. Es el peor de los recursos, pero la necesidad es muy grande. Oh, Madres, Madres, dejad libre a Fausto. (Mira alrededor.) Las luces ya se enturbian en la sala, toda la corte se ha estremecido a la vez. Solemnemente van en fila allá, por largos pasillos y distantes galerías. Bien, ya se reúnen en la amplia y antigua sala de los caballeros. Los tapices cubren amplias paredes y en los nichos y en las esquinas se han colocado armaduras. Aquí entiendo yo que no hay necesidad de invocaciones, los espíritus se presentan por sí mismos en ese lugar.
SALA DE LOS CABALLEROS
(Poca iluminación.)
(Han entrado el EMPERADOR y la corte.)
HERALDO
Mi antigua función de anunciar el espectáculo ha sufrido menoscabo por el misterioso influjo de los fantasmas. En vano trato de explicar por causas sensatas la confusa situación. Ya están dispuestas las butacas y las sillas. El Emperador está ante la pared, así podrá contemplar cómodamente las batallas de la época gloriosa. Aquí están sentados todos, el Soberano y la corte. Las banquetas están allá al fondo agolpadas. E incluso en esta hora tan sombría, la amada se sienta al lado de su amante. Y ya que todos han encontrado confortable sitio, estamos dispuestos: los espíritus pueden aparecer.
(Toque de trompetas.)
ASTRÓLOGO
Que, al punto, comience el drama su curso. Lo manda el Señor, ¡muros, abríos! Ya no hay estorbo alguno. Aquí tenemos la magia a nuestra disposición. Los tapices se enroscan como si el fuego los encogiera, en los muros se hacen hendiduras y dan vueltas sobre sí: un profundo teatro se presenta y un fulgor misterioso nos alumbra, yo me subo al proscenio.
MEFISTÓFELES (Asomando la cabeza por la concha del apuntador.)
Desde aquí lograré la complacencia general del público; apuntar es, de las artes oratorias, la propia del demonio. (Al ASTRÓLOGO.) Conoces el compás que siguen los astros en su marcha; también comprenderás magistralmente mi susurro.
ASTRÓLOGO
Por el poder de la magia aparece ante los ojos de todos un antiguo templo bastante imponente. Semejantes a Atlas, que antaño sostenía el Cielo, aquí hay muchas columnas en hilera.
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