Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.51
Indice General
|
Volver
Página 51 de 213
MEFISTÓFELES
Y ella a él. ¡Así sigue su curso el mundo!
INVERNADERO EN EL JARDÍN
MARGARITA (Entra de un salto, cierra la puerta con el dedo en los labios y mira por la rendija.)
¡Ya viene!
FAUSTO
Así me engañas, pícara. Te atrapé. (La besa.)
MARGARITA (Abrazándolo y devolviéndole el beso.)
Amor mío, te quiero.
(Llama MEFISTÓFELES.)
FAUSTO (Dando un pisotón en el suelo.)
¿Quién va?
MEFISTÓFELES
¡Un buen amigo!
FAUSTO
Un animal.
MEFISTÓFELES
Ya va siendo hora de separarse.
MARTA (Llegando.)
Sí, ya es tarde, señor mío.
FAUSTO
¿No puedo acompañarte?
MARGARITA
Mi madre me... Adiós.
FAUSTO
Entonces tengo que irme... Adiós.
MARTA
Adiós.
MARGARITA
Hasta muy pronto.
(FAUSTO y MEFISTÓFELES se van.)
¡Dios mío! ¿Cómo pudo un hombre así pensar en todo eso? Estoy avergonzada ante él y le digo sí a todo. Pero soy una niña pobre e ignorante. No sé lo que habrá visto en mí. (Se va.)
BOSQUE Y CAVERNA
FAUSTO (Solo.)
Espíritu sublime, tú me has dado todo cuanto te pedí. Tú no has hecho que volviera en vano mi rostro hacia el fuego. Me has dado a la magnífica naturaleza por reino y fuerza para sentirla y disfrutarla. No sólo me concedes una visita fría y pasiva. Me permites mirar en su hondo pecho como en el pecho de un amigo. Haces pasar ante mí el conjunto de lo viviente y me enseñas a conocer a mis hermanos en las tranquilas frondas, en el aire y en el agua. Y cuando en el bosque brama y gime la tormenta, cuando los enormes pinos, agitándose, aplastan y tumban las ramas y los troncos vecinos, cuando con su caída retumba sorda y hueca la colina, tú me llevas a una segura caverna y allí me muestras a mí mismo y se me desvelan los secretos prodigios de mi corazón. Al subir ante mi núrada la suave luna, que todo lo apacigua, flotan sobre mí, por el húmedo bosque, en las laderas rocosas, formas plateadas que dulcifican el deseo de contemplación.
Ah, ya noto que no hay nada perfecto para el hombre. Además de este placer que me acerca a los dioses cada vez más, me diste el compañero al que no puedo renunciar, por más que, frío y descarado, me humille ante mí mismo y, con su palabrería, reduzca a nada todos tus dones. Él atiza en mi pecho el fuego salvaje que quiere atrapar esa bella imagen[L67]. Así me tambaleo yendo del deseo al placer y, una vez en el placer, ansío el deseo.
MEFISTÓFELES
¿Ya has vivido bastante este tipo de vida? ¿Cómo puede gustarte por tanto tiempo? Es bueno probar; pero después hay que volver a buscar lo nuevo.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
51
52
53
54
55
56
57
58
59
60
61
62
63
64
65
66
67
68
69
70
71
72
73
74
75
76
77
78
79
80
81
82
83
84
85
86
87
88
89
90
91
92
93
94
95
96
97
98
99
100
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-213
|