Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.49
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(Pasan a un lado.)
MARGARITA
Sí, ojos que no ven, corazón que no siente. Usted se maneja bien con la cortesía, pero tendrá muchas amistades por ahí, y a buen seguro más inteligentes que yo.
FAUSTO
¡Ah, mi preferida! Créeme, lo que se toma por inteligencia suele ser vanidad y tontería.
MARGARITA
¿Cómo?
FAUSTO
La sencillez y la inocencia no saben apreciar su sagrado valor. No saben que la modestia y la humildad son supremos dones de la generosa naturaleza.
MARGARITA
Si pensarais un momento en mí, yo tendría tiempo para recordaros.
FAUSTO
¿Debes estar muy sola?
MARGARITA
Sí, nuestra casa es pequeña, pero hemos de atenderla. No tenemos criada: he de guisar, barrer, coser, zurcir, correr desde la mañana hasta la noche, pues mi madre es muy exigente en todo. No es que tengamos que guardar mucha estrechez; mi padre nos dejó un buen capital, una casa y un huerto en las afueras. Pero ahora estoy bastante tranquila; mi hermano es soldado y está en el frente y mi hermanita está muerta. Tuve mucho trabajo con la niña, aunque me gustaría volver a pasar fatigas por ella, pues la quería mucho.
FAUSTO
Si se parecía a ti, sería un ángel.
MARGARITA
Yo la crié y ella se encariñó conmigo. Nació tras la muerte de mi padre. A mi madre la dimos por perdida de tan mal como estuvo, pero se recuperó poco a poco, muy despacio. Por eso no pudo ni pensar en dar el pecho al pobre gusanito, y por eso yo sola la críe con leche y agua y ella se hizo mía. Entre mis brazos y en mi regazo se sentía a sus anchas, pateaba, fue creciendo.
FAUSTO
Sin duda has tenido la alegría más grande.
MARGARITA
Pero también horas muy difíciles. Por las noches, colocaba la cuna de la pequeña junto a mi cama y, apenas se movía, yo me despertaba. Le tenía que dar el alimento o la acostaba a mi lado. Si no se callaba, tenía que levantarme de la cama a ir meciéndola de un lado a otro del cuarto, y al amanecer iba a lavar y al mercado, y cuidaba del fuego del hogar, y así un día y otro también. Así, señor mío, no siempre se está de buen humor, pero saben mejor la comida y el sueño.
(Pasan a un lado.)
MARTA
Las pobres mujeres lo tenemos muy mal. Es muy difícil que un soltero dé su brazo a torcer.
MEFISTÓFELES
Si se tratara de alguien como usted, me haría tomar el buen camino.
MARTA
Señor, dígame, ¿no tiene usted todavía a nadie? ¿Nadie le ha atado el corazón en ningún sitio?
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