Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.38
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Por esta vez, mira hasta saciarte. Sabré hacerte hallar este pequeño tesoro, y feliz el que tenga la buena suerte de llevársela a casa como esposa. (FAUSTO se sigue mirando al espejo. MEFISTÓFELES, arrellanándose en el sillón y jugando con el soplillo, continúa hablando.) Aquí estoy, sentado como el rey en el trono. Aquí empuño el cetro, sólo me falta la corona.
LOS ANIMALES (Que hasta entonces han hecho todo tipo de movimientos, le traen a
MEFISTÓFELES una corona haciendo gran griterío.)
Oh, haznos el favor,
con sudor y con sangre
péganos la corona.
(Caminando torpemente con la corona, MEFISTÓFELES la rompe en dos pedazos, con los que dan vueltas y saltan.)
Ya ha ocurrido.
Hablamos y vemos,
rimamos y oímos.
FAUSTO (Frente al espejo.)
Ay de mí! Casi me estoy volviendo loco.
MEFISTÓFELES (Señalando a los animales.)
También a mí me empieza a flaquear la cabeza.
LOS ANIMALES
Si tenemos suerte
y todo concuerda,
tendremos ideas.
FAUSTO (Como antes.)
Mi pecho empieza a arder. Alejémonos cuanto antes.
MEFISTÓFELES (Con la postura anterior.)
Bueno, al menos hay que reconocer que son unos poetas muy sinceros.
(La marmita que LA MONA ha dejado hasta ahora descuidada empieza a rebosar; sale una gran llama que sube por la chimenea. LA BRUJA baja a través de la llama dando unos gritos espantosos.)
LA BRUJA
Ay, ay, ay. Maldito animal, condenada puerca. Has descuidado la caldera, has chamuscado a tu señora. Maldito animal. (Mirando a FAUSTO y a MEFISTÓFELES.)
¿Qué ha pasado aquí?
¿Quiénes sois vosotros dos?
¿Qué es lo que queréis?
¿Quién os hizo entrar?
¡Que el fuego del infierno arda en vuestros huesos!
(Mete la espumadera en la marmita y empieza a salpicar con llamas a FAUSTO, MEFISTÓFELES y a LOS ANIMALES. LOS ANIMALES aúllan.)
MEFISTÓFELES (Que le da la vuelta al soplillo que tiene en la mano y golpea las vasijas de cristal y
las ollas.)
Por el suelo, por el suelo,
ahí está tu brebaje,
ahí están tus vasijas.
Esto es sólo una broma,
puta vieja, es el ritmo
propio de tu melodía.
(Mientras LA BRUJA retrocede llena de horror y espanto.) ¿Me reconoces, esqueleto?, ¿eh, espantajo? ¿Reconoces a tu señor y maestro? No sé qué me impide golpearos y destrozaros a ti y a tus espíritus animales. ¿Le has perdido el respeto al jubón rojo? ¿Ya no puedes reconocer la pluma de gallo? ¿He ocultado mi rostro? ¿Tengo que anunciarme por mi nombre?
LA BRUJA
Oh, señor, perdona este grosero saludo, pero no he visto ningún pie de caballo. ¿Dónde están vuestros dos cuernos?
MEFISTÓFELES
Por esta vez saldrás del apuro, pues es cierto que hace mucho tiempo que no nos vemos.
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