Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.24
Indice General
|
Volver
Página 24 de 213
GABINETE DE ESTUDIO
FAUSTO
¿Llaman? ¡Adelante! ¿Quién querrá incordiarme?
MEFISTÓFELES
Soy yo.
FAUSTO
¡Adelante!
MEFISTÓFELES
Lo habrás de decir tres veces.
FAUSTO
¡Adelante, pues!
MEFISTÓFELES
Así es como me gusta que seas. Confío en que nos toleremos. Para disipar tu mal humor he venido aquí vestido de hidalgo, con traje rojo, bordado en oro, con esclavina de tersa seda, una pluma de gallo en el sombrero y una daga larga y afilada. Y ahora te recomiendo que, sin más dilación, te vistas igual para que, una vez liberado, experimentes lo que es la vida.
FAUSTO
Con cualquier traje sufriré la pena de las estrecheces de la vida terrenal. Soy demasiado viejo para limitarme a jugar y demasiado joven para morir sin deseos. ¿Qué podrá ofrecerme el mundo?
«¡Renuncia, tienes que renunciar[L40]!». He aquí el precepto que continuamente resuena en nuestro oído y que cada hora repite con ronca y acompasada voz. Por la mañana me despierto sobresaltado, y con razón podría llorar amargamente al ver que el nuevo día sigue con rapidez su camino sin dejar satisfecho ninguno de mis deseos; al ver que con su curso ahoga toda esperanza de felicidad, y que, con la ayuda de los ridículos y cómicos actos de la vida, hace desaparecer cuantas agradables creaciones buscan un albergue en mi mente. Después, al llegar la noche, me acuesto con desasosiego ni aun allí puedo descansar, e incluso me llenan de espanto pesados y horrorosos sueños. El espíritu que reina en mi interior puede conmover profundamente mi ser; no obstante, a pesar de que tiene imperio sobre todas mis fuerzas, no puede hacerlas obrar en el exterior: por eso me he convencido de que vivir es una pesada carga, por eso deseo la muerte y aborrezco la vida.
MEFISTÓFELES
Y sin embargo, en aquella noche hubo alguien que no se bebió la pócima color marrón[L41].
FAUSTO
Parece que te gusta el fisgoneo.
MEFISTÓFELES
No soy omnisciente, pero sé muchas cosas.
FAUSTO
Aunque un dulce y conocido canto, con ecos de los buenos tiempos, me apartó del terrible abismo y despertó lo que queda en mí de sentimientos infantiles, maldigo ahora todo lo que el alma enreda con sus juegos de seducción y engaño y cómo, cegándonos y adulándonos, nos ata a esta cueva de penas. ¡Desde ahora declaro maldita la alta opinión de sí mismo con la que el espíritu se aprisiona!, ¡maldito el engaño de los sentidos que oprime nuestra alma!, ¡maldito todo aquello que nos embelece en sueños: el engaño de la fama y el renombre!, ¡maldito lo que nos halaga como posesión, como mujer y como hijo, como criado y arado!, ¡maldito Mammón cuando, prometiéndonos tesoros, nos anima a hazañas temerarias y cuando nos ofrece almohadones para nuestro ocioso placer!, ¡maldito el balsámico jugo de uvas!, ¡maldita la más refinada caricia del amor!, ¡maldita la esperanza!, ¡maldita la fe! y, sobre todo, ¡maldita la paciencia!
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-213
|