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Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.23

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No es necesario hacer preparativos. Estamos juntos, vamos a empezar.
ESPÍRITUS
Desapareced, bóvedas
oscuras de la techumbre.
Mira el mayor hechizo
del amigable y azul
éter que está penetrando.
Desvaneceos de una vez,
tenebrosas nubes negras.
Centellean estrellitas,
pues la luz de suaves soles
entre ellas se va filtrando.
Esa belleza sutil
de los hijos de los cielos,
al flotar sobre nosotras,
tímida, nos reverencia.
El deseo anhelante
acompaña nuestros pasos.
Y los aleteantes
flecos de los atavíos
cubren todas las tierras,
cubren la vegetación
de allí donde los amantes
muy solemnes prometieron
entregarse de por vida.
¡Follaje sobre follaje!
¡Sarmientos que echan renuevos!
El bien cargado racimo
cae en el receptáculo
del lagar que lo tritura,
y brota un gran arroyo
de vinos espumeantes
que se desliza por rápidos
de bellas piedras preciosas
y, dejando las alturas
tras de sí, en su caída,
se ensancha y hace un lago
y así la felicidad
reinará en las colinas.
Y un ejército de aves
paladea el placer.
Se van acercando al sol,
se aproximan a las islas
claras que, sobre las olas,
en apariencia se mueven.
Allá en coro oímos
suspiros alborozados.
Volando sobre llanuras
vemos figuras que bailan
y que se van desperezando
bajo el manto del cielo.
Algunos van escalando
por las elevadas cumbres.
Otros, cruzando a nado,
cortan las olas del mar.
Otros van volando y flotan.
Todos en busca de vida,
en busca de tierras lejanas,
de estrellas acogedoras,
de gracia y serenidad.
MEFISTÓFELES
¡Duerme! ¡Muy bien, tiernos hijos del aire! ¡Lo habéis arrullado a conciencia! Estoy en deuda con vosotros por este concierto. -¡Todavía no eres el hombre indicando para retener al demonio!- ¡Seducidlo con dulces formas oníricas, hundidlo en un mar de delirios! Mas, para romper el hechizo del umbral, requiero el diente de un ratón... Aunque no habré de conjurarlo mucho tiempo; ya oigo deslizarse a uno y pronto me escuchará.
El señor de las ratas y los ratones, de las moscas, ranas, chinches y piojos, te manda que te atrevas a salir y roas ese umbral tan rápido como si rezumara aceite. Ya veo que sales. ¡Manos a la obra! El pico que me retenía era el de la esquina de delante. ¡Otro mordisco más y ya está hecho! -Fausto, sigue soñando hasta que nos volvamos a ver.
FAUSTO (Despertando.)
Entonces, ¿he sido engañado otra vez? ¿Se disipa así la fuerza de tantos espíritus? ¿Acaso fue una mentira, un sueño, que viniera un demonio y que un perro se me escapara?


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