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Fausto (Johan Wolfgang Goethe) - pág.18

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WAGNER
Yo también he tenido fantasías, pero nunca he sentido ese impulso. Los bosques y los campos hastían pronto; nunca envidiaré las alas de los pájaros. De qué manera tan distinta los placeres del espíritu nos llevan de libro a libro, de página a página. Así, las noches de invierno se hacen agradables y bellas; una vida tranquila da calor a todos los miembros. Y ¡ah!, si aciertas a desplegar un buen pergamino, el cielo entero baja hasta ti.
FAUSTO
Sólo eres consciente de un impulso. ¡Nunca aprendes el otro! Dos almas, ay, viven en mi pecho. Una quiere separarse de la otra. Una, con recio amor a la vida, se aferra al mundo sirviéndose de sus miembros prensiles; la otra se eleva con fuerza desde el polvo y va hacia los campos de los nobles antepasados. Oh, si es verdad que hay espíritus en el aire que flotan entre la tierra y el cielo, que desciendan desde la áurea neblina y que me lleven a una nueva vida llena de colores. Si tuviera un manto mágico que me transportara a tierras lejanas, sería mi mejor gala y no lo cambiaría por el manto de un rey.
WAGNER
No nombre a este conocido ejército de espíritus que, tormentoso, se despliega por la atmósfera y, desde todos los extremos del mundo, acecha al hombre con múltiples peligros. Desde el Norte se acerca el estrago de los espíritus, armado con sus lenguas puntiagudas; cuando desde Naciente estas avanzan resecas, se alimentan de tus pulmones; cuando el Mediodía te las manda desde el desierto, el ardor se acumula en tu coronilla; entonces, el Oeste trae el enjambre que, primero, refresca, pero luego agosta el campo y el prado. Gustan de escucharnos, pues están preparados para provocarnos daño; gustan de obedecer, porque les encanta engañarnos; se presentan como enviados del Cielo y cuando mienten susurran angelicalmente. Pero, ¡vámonos!, el mundo se oscurece, el aire se enfría, la niebla desciende. A la caída de la noche se empieza a apreciar el calor del hogar. ¿Por qué se para asombrado?, ¿qué atrapa su atención en la penumbra?
FAUSTO
¿Ves a ese perro negro [L28]andando por los sembrados y los rastrojos?
WAGNER
Hace rato que lo veo. No me ha llamado la atención.
FAUSTO
¡Míralo bien!, ¿qué te parece?
WAGNER
Un perro de aguas que, a su manera, sigue el rastro de su dueño.
FAUSTO
¿No notas cómo se va acercando a nosotros describiendo amplias curvas? Y, si no me equivoco, va dejando remolinos de fuego a su paso.
WAGNER
No veo más que un perro de aguas negro; quizás esté sufriendo usted una alucinación.
FAUSTO
Parece como si fuera trazando leves lazos mágicos que acabarán atando nuestros pies.


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