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Los hechos en el caso de M. Valdemar (Edgar Allan Poe) - pág.9

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Desde este período hasta el fin de la última semana -un intervalo de cerca de siete meses-, continuamos yendo diariamente a casa de M. Valdemar, acompañados, unas veces u otras, por médicos y otros amigos. En todo este tiempo, el sonámbulo permanecía exactamente como lo he descrito por último. La vigilancia de los enfermeros era continua.
Fue el último viernes cuando, finalmente, decidimos llevar a cabo el experimento de despertarlo o al menos de tratar de hacerlo; y es acaso el deplorable resultado de esta última experiencia lo que ha promovido tantas discusiones en los círculos privados; tantas, que no puedo atribuirlas sino a una injustificada credulidad popular.
Con el propósito de liberar a M. Valdemar de su estado mesmérico, empleé los pases acostumbrados. Durante algún tiempo, éstos no dieron resultado. La primera señal de que revivía fue un descenso parcial del iris. Se observó, como especialmente interesante, que este descenso de la pupila fue acompañado del abundante flujo de un licor amarillento (por debajo de los párpados) de un olor acre y muy desagradable.
Me sugirieron entonces que tratase de influir en el brazo del paciente, como anteriormente. Lo intenté, pero sin resultado. Entonces, el doctor D... insinuó el deseo de que le dirigiese una pregunta. Yo lo hice tal como sigue:
-M. Valdemar, ¿puede usted explicarme cuáles son ahora sus sensaciones o sus deseos?
Instantáneamente, los círculos héticos volvieron a las mejillas; la lengua se estremeció, o, mejor, giró violentamente en la boca (aún las mandíbulas y los labios continuaban rígidos como antes), y por fin la misma horrible voz que ya he descrito exclamó con fuerza:
-¡Por el amor de Dios! ¡Pronto, pronto! ¡Duérmame o..., pronto..., despiérteme! ¡Pronto! ¡Le digo que estoy muerto!
Yo estaba completamente enervado, y por un momento no supe qué hacer. Primero realicé un esfuerzo para calmar al paciente; pero, fracasando en esto por la ausencia total de la voluntad, volví sobre mis pasos y traté por todos los medios de despertarlo. Pronto vi que esta tentativa tendría éxito, al menos había imaginado que mi éxito seria completo, y estaba seguro de que todos los que se encontraban en la habitación se hallaban preparados para ver despertar al paciente.


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