Los hechos en el caso de M. Valdemar (Edgar Allan Poe) - pág.8
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Yo le había preguntado, como se recordará, si aún dormía. Ahora dijo:
-Sí... No... He estado dormido..., y ahora..., ahora... estoy muerto.
Ninguno de los presentes trató de negar o siquiera reprimir el inexpresable, el estremecedor espanto que estas pocas palabras, así pronunciadas, nos produjo. Mr. L..., el estudiante, se desmayó. Los enfermeros abandonaron inmediatamente la estancia, y fue imposible hacerlos regresar. No pretendo siquiera hacer comprensibles al lector mis propias impresiones. Durante cerca de una hora nos ocupamos silenciosamente -sin que se pronunciase un sola palabra- en que Mr. L... recobrara el conocimiento. Cuando volvió en sí, volvimos a investigar el estado de M. Valdemar. Permanecía, en todos los aspectos, tal como lo he descrito últimamente, con la excepción de que el espejo ya no indicaba la menor señal de respiración. Fue vano un intento de sangría en el brazo. Debo decir, asimismo, que este miembro ya no estaba sujeto a mi voluntad. Me esforcé vanamente en hacerle seguir la dirección de mi mano. La única indicación real de la influencia mesmérica se manifestaba ahora en el movimiento vibratorio de la lengua cada vez que hacía a M. Valdemar una pregunta. Parecía hacer un esfuerzo para responder, pero su voluntad no era bastante duradera. Si cualquier otra persona que no fuese yo le dirigía una pregunta, parecía insensible, aunque yo intentase poner cada miembro de esa persona en relación mesmérica con él. Creo que he relatado ya todo lo necesario para comprender el estado del sonámbulo en este periodo. Conseguimos otros enfermeros, y a las diez abandoné la casa en compañía de los dos médicos y de Mr. L…
Por la tarde volvimos todos a ver al paciente
Su estado continuaba siendo exactamente el mismo. Discutimos acerca de la oportunidad y la factibilidad de despertarlo; pero estuvimos fácilmente de acuerdo en que ningún buen propósito serviría para lograrlo. Era evidente que, hasta entonces, la muerte (o lo que usualmente se denomina muerte) había sido detenida por el proceso mesmérico. A todos nos parecía claro que despertar a M. Valdemar sería simplemente asegurar su instantáneo o al menos rápido fallecimiento
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