Una confesión encontrada en una prisión (Charles Dickens) Libros Clásicos

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Ambos saltaron sobre mí y me apartaron, aunque yo luché, mordiéndoles y
golpeándoles come un loco. Al poco rato, ambos me inmovilizaron, y vi a los
coléricos perros abriendo la tierra y lanzándola al aire con las patas como si
fuera agua.
¿He de contar algo más? Que caí de rodillas, y con un castañeteo de dientes
confesé la verdad y rogué que me perdonaran. Me han negado el perdón, y vuelvo a
confesar la verdad. He sido juzgado por el crimen, me han encontrado culpable y
sentenciado. No tengo valor para anticipar mi destino, o para enfrentarme
varonilmente a él. No tengo compasión, ni consuelo, ni esperanza ni amigo
alguno. Felizmente, mi esposa ha perdido las facultades que le permitirían ser
consciente de mi desgracia o de la suya. ¡Estoy solo en este calabozo de piedra
con mi espíritu maligno, y moriré mañana!

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