Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > Proceso por asesinato (Charles Dickens)

 

Proceso por asesinato (Charles Dickens) - pág.10

Indice General | Volver

Página 10 de 11


Cuando la mujer que testimoniara sobre el carácter del acusado quedó frente a la Aparición, no hay duda de que su vista siguió la dirección indicada por el dedo y se posó con grandes titubeos e inquietudes sobre el rostro del prisionero. Bastarán dos ejemplos más. El octavo día del juicio, tras la pausa que diariamente se nos concedía a principios de la tarde, para que tuviéramos unos minutos de descanso y refresco, volví a la corte con el resto del jurado unos minutos antes de regresar los jueces. De pie en nuestro lugar y mirando a mi alrededor, pensé que la figura no se encontraba allí, hasta que, al levantar por casualidad la vista hacia la galería, la vi inclinada hacia adelante, apoyada sobre una mujer de aspecto muy honesto, como tratando de averiguar si los jueces estaban ya en su lugar. Casi de inmediato la mujer lanzó un grito, se desmayó y fue conducida fuera. Lo mismo ocurrió con el venerable, sagaz y paciente juez que dirigía el juicio. Terminada la presentación del caso, cuando preparaba sus papeles para resumir la situación, el asesinado, entrando por la puerta de jueces, avanzó hasta el escritorio de su señoría y miró ansiosamente, por encima del hombro, a las páginas de notas que el juez leía. En el rostro de éste ocurrió un cambio; su mano se detuvo; por él pasó aquel temblor que tan bien conocía yo; balbuceó entonces: "Perdónenme por unos momentos, caballeros; estoy un poco mareado por lo viciado del aire." Y no se recobró hasta haber bebido un vaso de agua.
A todo lo largo de la monotonía de seis de aquellos diez días interminables -los mismos jueces y otros más en la tribuna, el mismo Asesino en el banquillo de acusados, los mismos abogados a la mesa, el mismo tono en las preguntas y respuestas que subían hasta el cielo raso de la corte, el mismo arañar de la pluma del juez, los mismos ujieres entrando y saliendo, las mismas luces encendidas a la misma hora cuando no había ya luz natural, la misma cortina de niebla por fuera de las grandes ventanas cuando estaba nublado, el mismo golpeteo y goteo de la lluvia en días lluviosos, las mismas huellas de carceleros y prisioneros día tras día sobre el mismo aserrín, las mismas llaves abriendo y cerrando las mismas puertas pesadas-, a todo lo largo de aquella monotonía tediosa que me hacía sentir como si hubiera sido presidente del jurado por un vasto lapso, que Piccadilly había florecido a la par que Babilonia, el asesinado jamás perdió a mis ojos lo más mínimo de nitidez; tampoco fue nunca menos nítido que los demás.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 >>>




Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados