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Para leer al atardecer (Charles Dickens) - pág.9

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una mirada aterrada y fascinada, como si su presencia tuviera sobre ella una
influencia o un poder malignos. Pasando de ella a él, solía verle en los
jardines sombreados, o en la gran sala iluminada a medias, podríamos decir que
«mirándola fijamente desde la oscuridad». Pero lo cierto es que yo no había
olvidado las palabras de la bella Carolina al describir el rostro del sueño.
» Tras su segunda visita, oí decir al amo:
» -¡Ya ves, mi querida Clara, ahora todo ha terminado! Dellombra ha venido y se
ha ido, y tu aprensión se ha roto como si fuera de cristal.
» -¿Volverá... volverá de nuevo? -preguntó el ama.
» -¿De nuevo? ¡Claro, una y otra vez! ¿Tienes frío? -le preguntó al ver que ella
se estremeció.
» -No, querido; pero ese hombre me aterra: ¿estás seguro de que tiene que volver
otra vez?
» -¡El hecho mismo de que me lo preguntes hace que todavía esté más seguro,
Clara! -contestó el amo alegremente.
» Pero ahora el amo estaba muy esperanzado en la recuperación completa de su
esposa, y cada día que pasaba lo estaba más. Ella era hermosa y él se sentía
feliz.
» -¿Va todo bien, Baptista? -me preguntaba de vez en cuando.
» -Así es, signore, gracias a Dios; todo va muy bien.
» Para el carnaval, nos fuimos todos a Roma (dijo el correo genovés forzándose a
hablar un poco más alto). Yo había pasado fuera el día entero con un siciliano
amigo mío, también correo, que se encontraba allí con una familia inglesa. Al
regresar por la noche al hotel encontré a la pequeña Carolina, que nunca salía
de casa sola, corriendo aturdida por el Corso.
» -¡Carolina! ¿Qué sucede?
» -¡Ay, Baptista! ¡Ay, en el nombre del Señor! ¿Dónde está mi ama?
» -¿El ama, Carolina?
» -Se fue por la mañana... cuando el amo salió a su paseo diurno, me dijo que no
la llamara, pues estaba fatigada por no haber descansado durante la noche (había
tenido dolores) y se quedaría en la cama hasta la tarde, para levantarse así
recuperada. ¡Pero se ha ido!... ¡Se ha ido! El amo ha regresado, ha echado la
puerta abajo y ella ha desaparecido. ¡Mi bella, mi buena, mi inocente ama!
» Así lloraba, desvariaba y se debatía para que yo no pudiera sujetarla la


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