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La novia del ahorcado (Charles Dickens)

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Charles Dickens
La novia del ahorcado


Era una auténtica casa antigua de muy curios descripción, en la que abundaban
las viejas tallas las vigas, los tablones, y que tenía una excelente antigua
caja de escalera con una galería o escales superior separada de la primera por
una curiosa estacada de roble viejo o de caoba de Honduras. Es y seguirá siendo
durante muchos años una casa de notable pintoresquismo; y en la profundidad d
los viejos tablones de caoba habitaba un misterio grave, como si fueran lagunas
profundas de agua o,, cura, como las que sin duda habían existido entre ellos
cuando eran árboles, dando al conjunto un carácter muy misterioso a la caída de
la noche.
Cuando nada más bajar del coche el señor Goodchild y señor Idle se presentaron
por primera vez en la puerta y penetraron en el sombrío y hermoso salón, fueron
recibidos por media docena d ancianos silenciosos vestidos de negro, todos
exactamente igual, que se deslizaron escaleras arriba junto a los serviciales
propietario y camarero, pero sin que pareciera que se estuvieran entrometiendo
en su camino, o les importara si lo estaban haciendo no, y que se apartaron
hacia la derecha y la izquierda de la vieja escalera cuando los huéspedes
entraron en la sala de estar. Era un día claro y brillante, pero al cerrar la
puerta el señor Goodchild dijo: -¿Quién demonios son esos ancianos?
Y poco después, cuando ambos salieron y entraron, no observaron que hubiera
anciano alguno. Desde entonces los ancianos no volvieron a reaparecer, ni
siquiera uno de ellos. Los dos amigos habían pasado una noche en la casa pero no
habían vuelto a verlos. El señor Goodchild paseó por la casa, revisó los
pasillos y miró en las puertas, pero no encontró ningún anciano; por lo visto,
ningún miembro del establecimiento echaba en falta a anciano alguno ni lo
esperaba.
Otra circunstancia extraña llamó la atención de los dos amigos. Era que la
puerta de la sala de estar no se quedaba quieta un cuarto de hora entero. La
abrían con titubeos, o confiadamente, la abrían un poco, o mucho, pero siempre
la volvían a cerrar de golpe sin una palabra de explicación. Los dos amigos
estaban leyendo, o escribiendo, o comiendo, bebiendo, hablando o dormitando; la


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