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La historia del viajante de comercio (Charles Dickens) - pág.14

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-Si es eso, que él quiere dinero -dijo la viuda- ya lo sé, y no tiene usted que
preocuparse.
-Bah, qué tontería, eso no es nada -dijo Ton Smart-. También yo quiero dinero.
No es eso. -Entonces, amigo mío, ¿de qué se trata? -excla mó la pobre viuda.
-No se asuste -le respondió Tom Smart mien tras sacaba lentamente la carta y la
abría-. ¿Está segura de que no gritará? -le preguntó con vacilación -No, no
-contestó la viuda-. Déjeme verla.
-¿Y no va a desmayarse, ni hará ninguna otra tontería? -preguntó Tom.
-No, no -contestó la viuda inmediatamente. -¿Y no saldrá corriendo para
golpearle? -volvió, preguntar Tom-. Porque voy a hacer todo esto por usted; será
mejor que no se lo tome a mal.
-De acuerdo, de acuerdo -dijo la viuda-. Déjeme verla.
-Así lo haré -contestó Tom Smart, y diciendo esas palabras colocó la carta en la
mano de la viuda Caballeros, oí decir a mi tío que Tom Smart dijo que las
lamentaciones de la viuda cuando se enteró de aquello habrían traspasado un
corazón de piedra. El de Tom era ciertamente muy tierno, y traspasaron el suyo
hasta la misma médula. La viuda se columpiaba hacia delante y hacia atrás
retorciéndose las manos.
-¡Ay, qué hombre tan engañoso y vil! -exclamaba la viuda.
-¡Espantoso, mi querida señora! Pero compórtese.
-¡Ay, cómo voy a hacerlo! -gritó la viuda-. ¡Nunca encontraré a ningún otro a
quien pueda amar tanto!
-Ay, claro que lo encontrará, mi querida señora -exclamó Tom Smart dejando caer
una verdadera lluvia de enormes lágrimas por la piedad que sentía por el
infortunio de la viuda. En la energía de su compasión, Tom Smart había rodeado
con un brazo la cintura de la viuda; y la viuda, movida por la pasión de la
pena, había sujetado la mano de Tom. Ésta miró a Tom al rostro y le sonrió entre
sus lágrimas. Tom miró el semblante de ella, y sonrió entre las suyas.
Nunca pude averiguar, caballeros, si Tom besó o no a la viuda en ese momento
particular. Solía decirle a mi tío que no lo había hecho, pero tengo mis dudas
al respecto. Entre nosotros, caballeros, estoy convencido de que lo hizo.
En todo caso, Tom echó a patadas al hombre alto por la puerta delantera media


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