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La historia del tío del viajante (Charles Dickens) - pág.12

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blancos, cuerpos rojos y ojos fijos.
«Esto es lo más extraño que me ha pasado nunca», pensó mi tío.
-Permítame que le devuelva el sombrero, señor -dijo mi tío.
El caballero de mal aspecto recibió en silencio el
sombrero de tres picos, miró el agujero que tenía en el centro con actitud
inquisitiva, y finalmente se lo colocó encima de la peluca con una solemnidad
cuyo efecto quedó un poco dañado porque en ese mismo momento estornudó
violentamente y con la sacudida volvió a destocarse.
-¡Todo en orden! -gritó el escolta del farol subiéndose al pequeño asiento de la
parte posterior del coche.
Partieron. Mi tío se quedó mirando por la ventanilla del coche hacia fuera
mientras salían del descampado y observó que otros coches con cocheros,
escoltas, caballos y pasajeros, daban vueltas y vueltas en círculos a un trote
lento de unos ocho kilómetros por hora. Mi tío, caballeros, ardía de
indignación. Como hombre dedicado al comercio, pensaba que no se podía jugar con
las bolsas del correo, y decidió escribir un memorial sobre el tema a la Oficina
de Correos en el instante mismo en que llegara a Londres.
Sin embargo, en ese momento sus pensamientos se ocupaban de la joven dama
sentada en la esquina más alejada del coche, con el rostro bien oculto bajo la
capucha; el caballero de la capa azul celeste se sentaba frente a ella; el del
traje color ciruela a su lado; y ambos la vigilaban estrechamente. Si ella hacía
crujir demasiado los pliegues de la capucha, mi tío podía oír que el hombre de
mal aspecto se llevaba la mano a la espada, y podía saber por la respiración del
otro (estaba tan oscuro que no podía verle el rostro) que parecía que fuera a
devorarla de un bocado. Aquella intrigó más y más a mi tío hasta que decidió
que, pasara lo que pasara, llegaría hasta el final. Sentía una gran admiración
por los ojos brillantes, los rostros dulces y las piernas y los pies hermosos;
en resumen, le encantaba todo lo del otro sexo. Eso va con nuestra familia,
caballeros, y lo mismo me sucede a mí.
Fueron muchas las tretas que puso en práctica mi tío para atraer la atención de
la dama, o al menos para introducir en conversación a los misteriosos


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