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La historia del tío del viajante (Charles Dickens) - pág.5

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dificultad -pues estaba bastante mareado por haber mirado hacia el cielo tanto
tiempo- y comenzó a caminar alegremente.
La casa del alguacil estaba en Canongate, y mi tío se dirigía hacia el otro
extremo de Leith Walk, un recorrido de algo más de dos kilómetros. A ambos lados
de él, como lanzadas contra el cielo oscuro, había unas casas altas, esparcidas
y delgadas, con las fachadas manchadas por el tiempo, y unas ventanas que
parecían haber compartido el destino de los
ojos de los mortales y haberse oscurecido y hundido con la edad. Las casas
tenían seis, siete y ocho pisos de altura; se apilaba un piso sobre el otro como
los que hacen los niños con cartas de juego, lanzando sus sombras oscuras sobre
la calle desaliñadamente pavimentada y volviendo más oscura la oscuridad de la
noche. Había algunas lámparas de aceite, muy lejos unas de otras, pero sólo
servían para indicar la entrada sucia a algún estrecho callejón o para señalar
dónde una escalera comunicaba, mediante revueltas empinadas e intrincadas, con
las casas de arriba. Mirando todas aquellas cosas con la actitud de un hombre
que las ha visto a menudo antes, por lo que no podía considerarlas ahora dignas
de fijar en ellas la atención, mi tío subió por mitad de la calle con un pulgar
metido en cada uno de los bolsillos del chaleco permitiéndose de vez en cuando
variadas estrofas cantadas con tan buen espíritu y voluntad que las gentes
honestas y tranquilas se sobresaltaban y despertaban de su primer sueño y se
quedaban temblando en la cama hasta que el sonido desaparecía en la distancia;
una vez convencidas de que se trataba sólo de algún borracho inútil que trataba
de encontrar el camino de regreso a su casa, volvían a taparse para estar
calientes y se dormían otra vez.
Describo en -particular, caballeros, la forma en que mi tío subía por mitad de
la calle con los pulgares metidos en los bolsillos del chaleco, porque como él
solía decir (y con buenas razones para ello), no hay en absoluto nada
extraordinario en esta historia, a menos que entiendan claramente desde el
principio que no estaba dando en absoluto un paseo maravilloso o romántico.
Caballeros, mi tío caminaba con los pulgares metidos en los bolsillos del


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