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La historia de duendes que secuestraron a un enterrador (Charles Dickens) - pág.10

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los duendes, pero, aún así, miraba con un interés que nada podía disminuir. Vio
a hombre,, que trabajaban con duro esfuerzo y se ganaban su escaso pan con una
vida de trabajo, pero eran alegres y felices; y a los más ignorantes, para
quienes e. rostro dulce de la naturaleza era una fuente incesante de alegría y
gozo. Vio a aquellos que habían sido delicadamente alimentados y tiernamente
criados alegres ante las privaciones y superiores ante el sufrimiento, quienes
habían superado muchas situaciones duras porque llevaban dentro del pecho los
materiales de la felicidad, el contento y la paz. Vio que las mujeres, lo más
tierno y frágil de todas la criaturas de Dios, eran a menudo capaces de superar
li pena, la adversidad y la tristeza; y vio que era as porque en su corazón
llevaban una inagotable fuente de afecto y devoción. Pero sobre todo vio que
hombres como él mismo, que refunfuñaban por e gozo y la alegría de los demás,
eran las peores hierbas en la hermosa superficie de la tierra; y poniendo todo
el bien del mundo contra el mal, llegó a la conclusión de que al fin y al cabo
era un mundo mu3 decente y respetable. Nada más acababa de formarse cuando la
nube que ocultó el último cuadro pareció ponerse sobre sus sentidos y llevarle
al reposo. Uno a uno los duendes fueron desapareciendo de su vista; y cuando el
último de ellos se hubo ido, quedé dormido.
Había despuntado el día cuando despertó Gabriel Grub y se encontró tumbado cuan
largo era sobre la lápida plana del cementerio, con el cubrebotellas de cestería
vacío a su lado y la capa, el azadón, y el farol, blanqueados por la helada de
la noche anterior, tirados por el suelo. La piedra sobre la que había visto por
primera vez al duende se erguía audaz ante él, y la tumba en la que había
trabajado la noche anterior no estaba lejana. Al principio empezó a dudar de la
realidad de sus aventuras, pero el dolor agudo que sintió en los hombros cuando
intentó levantarse le aseguró que las patadas de los duendes no habían sido
ciertamente meras ideas. Vaciló de nuevo al no encontrar rastros de huellas en


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