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La Casa Hechizada (Charles Dickens)

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Charles Dickens
La Casa Hechizada


La casa que es el tema de esta obra de Navidad no la conocí bajo ninguna de las
circunstancias fantasmales acreditadas ni rodeada por ninguno de los entornos
fantasmagóricos convencionales. La vi a la luz del día, con el sol encima. No
había viento, lluvia ni rayos, no había truenos ni circunstancia alguna,
horrible o indeseable, que potenciaran su efecto. Más todavía: había llegado
hasta ella directamente desde una estación de ferrocarril; no estaba a más de
dos kilómetros de distancia de la estación, y en cuanto estuve fuera de la casa,
mirando hacia atrás el camino que había recorrido, pude ver perfectamente los
trenes que recorrían tranquilamente el terraplén del valle. No diré que todo era
absolutamente común porque dudo que exista tal cosa, salvo personas
absolutamente comunes, y ahí entra mi vanidad; pero asumo afirmar que cualquiera
podría haber visto la casa tal como yo la vi en una hermosa mañana otoñal.
La forma en que yo la vi fue la siguiente.
Viajaba hacia Londres desde el norte con la intención de detenerme en el camino
para ver la casa.
Mi salud requería una residencia temporal en el campo, y un amigo mío que lo
sabía y que había pasado junto a ella, me escribió sugiriéndomela como un lugar
probable. Había subido al tren a medianoche, me había quedado dormido y luego
desperté y permanecí sentado mirando por la ventanilla en el cielo las estrellas
del norte, y me había vuelto a dormir para despertar otra vez y ver que la noche
había pasado, con esa convicción desagradable, habitual en mí, de que no había
dormido en absoluto; a este respecto, y en los primeros momentos de estupor de
esa condición, me avergüenza creer que me habría dispuesto a pelearme con el
hombre que se sentaba frente a mí si hubiera dicho lo contrario. Ese hombre que
se sentaba frente a mí había tenido durante toda la noche, tal como tienen
siempre los hombres de enfrente, demasiadas piernas y todas ellas muy largas.
Además de esta conducta irrazonable (que sólo cabía esperar de él), llevaba un
lápiz y un cuaderno y había estado todo el tiempo escuchando y tomando notas. Me
habría parecido que esas irritantes notas se referían a los traqueteos y


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