Juicio por asesinato (Charles Dickens) - pág.2
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atrocidad, y de haber podido habría enterrado el recuerdo de aquel animal
particular al tiempo que su cuerpo era enterrado en la cárcel de Newgate. Me
abstengo intencionadamente de proporcionar la menor pista directa respecto al
criminal.
Cuando se descubrió el asesinato no recayó ninguna sospecha sobre el hombre que
más tarde fue llevado a juicio, o más bien debería decir, en el deseo
de acercarme lo más posible a la precisión en mis hechos, que en ninguna parte
se sugirió públicamente que se tuviera tal sospecha. Como en aquel momento no se
hizo referencia alguna a él en los periódicos evidentemente era imposible que se
incluyera en ellos alguna descripción del asesino. Resulta esencial que se tenga
en cuenta este hecho.
Cuando abrí durante el desayuno el periódico de la mañana incluía el relato de
ese primer descubrimiento y me resultó profundamente interesante por lo que lo
leí con la máxima atención. Lo leí do: veces, sino tres. El descubrimiento se
había hecho en un dormitorio, y cuando dejé el periódico tuve un destello, un
impulso, en realidad no sé cómo llamarlo, pues no encuentro palabra alguna que
lc describa satisfactoriamente, en el que me pareció ver que ese dormitorio
pasaba a través de mi habitación, como si un cuadro, por imposible que parezca,
hubiera sido pintado sobre la corriente de un río Aunque cruzó mi habitación de
una manera casi instantánea, resultaba perfectamente claro; tan claro que
observé perfectamente, con una sensación di alivio, que el cadáver no estaba en
la cama.
Donde tuve esta curiosa sensación no fue en un lugar romántico, sino en mis
habitaciones de Picca dilly, muy cerca de la esquina de St. James Street Para mí
fue algo totalmente nuevo. En ese momento: me encontraba sentado en mi butaca y
la sensación se acompañó de un peculiar estremecimiento que cambió aquella de
sitio. (Aunque hay que tener et cuenta que la butaca podía moverse fácilmente
sobra unas ruedecillas). Me dirigí a una de las ventanas (la habitación, situada
en el segundo piso, tenía dos ventanas) para descansar la vista viendo el
movimiento de Piccadilly. Era una hermosa mañana otoñal y la calle estaba alegre
y centelleante. Soplaba el viento. Al mirar hacia fuera, observé que el viento
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