Historias de fantasmas (Charles Dickens) - pág.14
Indice General
|
Volver
Página 14 de 115
Hay otro en el campo. Un hombre alto... un hombre terriblemente alto... de bigote negro.
-Tom -le informó el anciano-. Ella nunca le tendrá.
-¿Que no? -preguntó Tom-. Si estuviera usted en el bar, anciano caballero, hablaría de otra manera.
-Bah, bah. Lo sé todo sobre esa historia. -¿Sobre qué? -preguntó Tom.
-Sobre besos detrás de la puerta, y todas esas cosas, Tom -añadió el anciano.
En ese momento lanzó otra mirada insolente que encolerizó mucho a Tom, pues como todos ustedes, caballeros, saben bien, escuchar a un viejo,
que por serlo debería conocer mejor el mundo, hablar sobre esas cosas resulta muy desagradable... nada más que por eso.
-Lo sé todo al respecto, Tom. Lo he visto hacer muy a menudo en mi época, Tom, entre más personas de las que me gustaría mencionarte; pero al final nunca se llega a nada.
-Ha debido ver usted algunas cosas extrañas -preguntó Tom con mirada inquisitiva.
-Puedes afirmarlo, Tom -replicó el viejo con ut complicado guiño-. Soy el último de mi familia Tom -añadió el anciano lanzando un melancólico suspiro.
-¿Y fue muy grande? -preguntó Tom Smart. -Éramos doce, Tom; tipos hermosos de respaldo, tan bello y recto como le gustaría ver a cualquiera Nada de esos abortos modernos... todos con brazo y con un grado tal de pulido que habría alegrado t, corazón contemplarnos.
-¿Y qué ha sido de los demás, señor?
El anciano caballero se llevó un codo al ojo al tiempo que contestaba:
-Murieron, Tom, murieron. Teníamos un duro trabajo, Tom, y no todos poseían mi constitución Tenían reuma en piernas y brazos, y acabaron en cocinas y hospitales; y uno de ellos, tras un prolonga do servicio y una dura utilización, perdió el sentido se volvió tan loco que tuvieron que quemarlo. Qué cosa tan sorprendente ésa, Tom.
-¡Terrible! -exclamó Tom Smart.
El anciano guardó silencio unos minutos, evidentemente mientras combatía sus emotivos sentimientos, y después añadió:
-Sin embargo, Tom, me estoy apartando del tema. Ese hombre alto, Tom, es un aventurero ruin En el momento en que se casara con la viuda vendo ría todos los muebles y escaparía. ¿Y cuáles serían las, consecuencias? Ella quedaría abandonada y reducida a la ruina, y yo moriría de frío en alguna tienda de muebles viejos.
-Sí, pero...
-No me interrumpas. De ti, Tom Smart, tengo una opinión muy diferente; pues bien sé que si alguna vez te asentaras en una posada, nunca la abandonarías mientras´ hubiera algo que beber dentro de sus paredes.
-Me siento muy agradecido por su buena opinión, señor-le informó Tom Smart.
-Por tanto -siguió diciendo el anciano con tono autoritario-: tú serás el que la tenga, y él no. -¿Cómo puede impedirse? -preguntó ansiosamente Tom Smart.
-Con esta revelación: el ya está casado.
-¿Cómo puedo demostrarlo? -preguntó Tom saliendo a medias de la cama.
El anciano caballero separó un brazo de su costado y tras señalar a uno de los vestidores de roble volvió a colocarlo inmediatamente en su antigua posición.
-Poco piensa él que en el bolsillo derecho de unos pantalones de ese vestidor ha dejado una carta en la que se le pide que regrese junto a su desconsolada esposa, con seis niños, toma buena nota, Tom, seis niños, y todos ellos pequeños.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-115
|