Grandes Esperanzas (Charles Dickens) - pág.36
Indice General
|
Volver
Página 36 de 381
No había duda alguna de ello, pobre Joe.
-Sin embargo, Pip - añadió Joe revolviendo las brasas-, si he de hacer justicia a mi padre, he de confesar que tenía muy buen corazón, ¿no te parece?
Yo no lo comprendía así, pero me guardé muy bien de decírselo.
- En fin - añadió Joe -. Alguien debe cuidar de que hierva la olla, porque sola no se pone por sí misma al fuego y llena de comida. ¿No te parece?
Yo estuve conforme con esta opinión.
- Por esta razón, mi padre no se opuso a que yo empezase a trabajar. Así, pues, tomé el oficio que ahora tengo, y que también era el suyo, aunque nunca lo hubiese practicado. Y trabajé bastante, Pip, te lo aseguro. A1 cabo de algún tiempo, ya estuve en situación de mantenerle, y continué manteniéndole hasta que se murió de un ataque de perlesía. Y tuve la intención de hacer grabar sobre su tumba: «Acuérdate, lector, de que tenía muy buen corazón.»
Joe recitó esta frase con tan manifiesto orgullo y satisfacción, que le pregunté si la había compuesto él.
- Sí - me contestó -. Yo mismo. La hice en un momento, y tan de prisa como cuando se quita de un golpe la herradura vieja de un caballo. Y he de confesarte que me sorprendió que se me hubiese ocurrido y apenas podía creer que fuese cosa mía. Según te decía, Pip, tenía la intención de hacer grabar estas palabras en su tumba, pero como eso cuesta mucho dinero, no pude realizar mi intento. Además, todo lo que hubiera podido ahorrar lo necesitaba mi madre. La pobre tenía muy mala salud y estaba muy quebrantada. No tardó mucho, la pobrecilla, en seguir a mi padre, y muy pronto pudo gozar del descanso.
Los ojos de Joe se habían humedecido, y se los frotó con el extremo redondeado del hierro con que atizaba el fuego.
- Entonces me quedé solo - añadió Joe -. Vivía aquí sin compañía de nadie, y en aquellos días conocí a tu hermana. Y puedo asegurarte, Pip - dijo mirándome con firmeza, como si de antemano estuviera convencido de que yo no sería de su opinión -, que tu hermana es una mujer ideal.
Yo no pude hacer otra cosa que mirar al fuego, pues sentía las mayores dudas acerca de la justicia de tal aserto.
- Cualesquiera que sean las opiniones de la familia o del mundo acerca de este asunto, vuelvo a asegurarte, Pip -dijo Joe golpeando con la mano la barra de hierro al pronunciar cada palabra -, que... tu... hermana... es... una... mujer... ideal.
Yo no pude decir más que:
- Me alegro mucho de que así lo creas, Joe.
- También me alegro yo - replicó -. Y estoy satisfecho de pensar así. ¿Qué me importa que tenga la cara roja o un hueso más o menos?
Yo observé sagazmente que si esto no significaba nada para él, ¿a quién podría importarle?
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-381
|