Grandes Esperanzas (Charles Dickens) - pág.3
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- Con mi hermana, señor... Con la señora Joe Gargery, esposa de Joe Gargery, el herrero.
- E1 herrero, ¿eh? - dijo mirándose la pierna.
Después de contemplarla un rato y de mirarme varias veces, se acercó a la losa en que yo estaba sentado, me cogió con ambos brazos y me echó hacia atrás tanto como pudo, sin soltarme: de manera que sus ojos miraban con la mayor tenacidad y energía en los míos, que a su vez le contemplaban con el mayor susto.
- Escúchame ahora - dijo -. Se trata de saber si se te permitiré seguir viviendo. ¿Sabes lo que es una lima?
- Sí, señor.
- ¿Y sabes lo que es comida?
- Sí, señor.
Al terminar cada pregunta me inclinaba un poco más hacia atrás, a fin de darme a entender mi estado de indefensión y el peligro que corría.
- Me traerás una lima - dijo echándome hacia atrás -Y también víveres.-Y volvió a inclinarme--. Me traerás las dos cosas - añadió repitiendo la operación -. Si no lo haces, te arrancaré el corazón y el hígado. - Y para terminar me dio una nueva sacudida.
Yo estaba mortalmente asustado y tan aturdido que me agarré a él con ambas manos y le dije:
- Si quiere usted hacerme el favor de permitir que me ponga en pie, señor, tal vez no me sentiría enfermo y podría prestarle mayor atención.
Me hizo dar una tremenda voltereta, de modo que otra vez la iglesia pareció saltar por encima de la veleta. Luego me sostuvo por los brazos en posición natural en lo alto de la piedra y continuó con las espantosas palabras siguientes:
- Mañana por la mañana, temprano, me traerás esa lima y víveres. Me lo entregarás todo a mí, junto a la vieja Batería que se ve allá. Harás eso y no te atreverás a decir una palabra ni a hacer la menor señal que dé a entender que has visto a una persona como yo o parecida a mí; si lo haces así, te permitiré seguir viviendo. Si no haces lo que te mando o hablas con alguien de lo que ha ocurrido aquí, por poco que sea, te aseguro que te arrancaré el corazón y el hígado, los asaré y me los comeré. He de advertirte que no estoy solo, como tal vez te has figurado. Hay un joven oculto conmigo, en comparación con el cual yo soy un ángel. Este joven está oyendo ahora lo que te digo, y tiene un modo secreto y peculiar de apoderarse de los muchachos y de arrancarles el corazón y el hígado. Es en vano que un muchacho trate de esconderse o de rehuir a ese joven. Por mucho que cierre su puerta y se meta en la cama o se tape la cabeza, creyéndose que está seguro y cómodo, el joven en cuestión se introduce suavemente en la casa, se acerca a él y lo destroza en un abrir y cerrár de ojos.
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