El Varón de Grogzwig (Charles Dickens) - pág.5
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votarán de acuerdo con la conciencia de su esposa (si la tienen), y no de
acuerdo con la suya propia. Lo único que necesito decir ahora es que la baronesa
von Koéldwethout adquirió de una u otra manera un gran control sobre el barón
von KoUldwethout, y que poco a poco, trocito a trocito, día a día y año a año el
barón obtenía la peor parte de cualquier cuestión disputada, o era astutamente
descabalgado de cualquier antigua afición; y así, cuando se convirtió en un
hombre grueso y robusto de unos cuarenta y ocho años, no tenía ya fiestas, ni
jolgorios, ni grupo de caza ni tampoco caza: en resumen, no le quedaba nada que
le gustara o que hubiera solido tener; y así, aunque fue tan valiente como un
león, y tan audaz como descarado, fue claramente despreciado y reprimido por su
propia dama en su propio castillo de Grogzwig.
Y no acaban aquí todos los infortunios del barón. Aproximadamente un año después
de sus nupcias vino al mundo un barón robusto y joven en cuyo honor se
dispararon muchos fuegos artificiales y se bebieron muchas docenas de barriles
de vicio; pero al año siguiente llegó una joven baronesa y cada año otro joven
barón, y así un año tras otro, o un barón o una baronesa (y un año los dos al
mismo tiempo), hasta que el barón se encontró siendo padre de una pequeña
familia de doce. En cada uno de esos aniversarios la venerable baronesa Von
Swillenhausen se ponía muy nerviosa y sensible por el bienestar de su hija la
baronesa Von Koéldwethout, y aunque no se sabe que la buena dama hiciera nunca
nada real que contribuyera a la recuperación de su hija, seguía considerando un
deber ponerse tan nerviosa como fuera posible en el castillo de Grogzwig, y
dividir su tiempo entre observaciones morales sobre la forma en que se llevaba
la casa del barón y quejarse por el duro destino de su infeliz hija. Y si el
barón de Grogzwig, algo herido e irritado por esa conducta, cobraba valor y se
aventuraba a sugerir que su esposa al menos no estaba peor que las esposas de
otros barones, la baronesa Von Swillenhausen suplicaba a todas las personas que
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