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El grillo del hogar (Charles Dickens) - pág.51

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Hoy hará un año que la arrebaté a su hogar, sin preocuparme de si sería o no feliz. Hoy volverá a él y no la importunaré más. Su padre y su madre llegarán en seguida; habíamos formado cierto plan para celebrar juntos este día; sus padres se la llevarán a su casa. Puedo confiar en ella, allí y en todas partes. Me deja después de haber vivido pura, y así vivirá siempre. Si me muriese -puedo morir quizá mientras ella sea joven; en pocas horas conozco que he perdido mis fuerzas-, Dot comprenderá que me he acordado de ella y que la he amado hasta el último día. He aquí la conclusión de lo que me hicisteis ver. Ahora todo ha terminado.
- IV ­
-No, John, no ha concluido todo. No digáis aún que todo ha concluido. No lo digáis aún. He oído vuestras nobles palabras, y no quiero marcharme sin deciros que me han llenado de hondo reconocimiento. No digáis que todo ha concluido antes que el reloj haya sonado otra vez.
Dot, que entró poco después de Tackleton, había permanecido en la habitación. Ni siquiera miraba a Tackleton; con los ojos fijos en su marido, se mantenía fuera de su alcance, dejando entre ella y él la mayor distancia posible; y aunque hablase con el entusiasmo más apasionado que pueda imaginarse, no se acercó a John ni siquiera en aquellos instantes de vivacidad. ¡Cuán diferente se mostró en este detalle de la Dot de antes!
-No hay reloj que pueda hacer sonar para mí por segunda vez las horas pasadas, desgraciadamente ­replicó el mandadero con débil sonrisa-. Pero ya que lo queréis, sea así. Pronto sonará la hora; no tendremos que aguardar largo tiempo. De buen grado realizaría cosas más difíciles por complaceros.
-Muy bien -murmuró Tackleton-. Es preciso que me marche, porque cuando la hora suene, debo estar en camino para la iglesia. Buenos días, John Peerybingle. Siento privarme de vuestra compañía. Tanto por dejaros como por las circunstancias.
-¿He hablado claramente? -preguntó John acompañándole hasta la puerta.
-¡Oh, muy claramente!
-¿Y os acordáis de lo que os he dicho?
-Sí, y si queréis que os lo exprese con claridad -dijo Tackleton, no sin haber tomado previamente la prudente precaución de empezar a subir al coche-, debo deciros que ha sido para mí tan inesperado el lance, que no es probable que lo olvide.
-Tanto mejor para los dos -repuso John-. Adiós. Buena suerte.
-Querría poder deciros lo mismo -dijo Tackleton-; pero ya no es factible, os doy por lo menos las gracias. Y dicho sea entre nosotros -creo que ya os lo he significado-, no creo pasarlo peor en mi matrimonio, aunque May no me haya hecho grandes demostraciones de cariño. Adiós. Cuidaos mucho.
John le siguió con la mirada hasta que la distancia le hizo aparecer lo suficientemente pequeño para quedar oculto entre las flores y las cintas de su caballo. Entonces, exhalando un profundo suspiro, fuese a vagar como alma en pena a la sombra de unos olmos vecinos con el propósito de no entrar en su casa hasta que diese la hora.


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