Riquezas peruanas: colección de artículos descriptivos escritos para La Tribuna (Modesto Basadre y C
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ni Constitución ni Congresos; y sin embargo eran tan atrasados que vivían
contentos y dichosos, sin garantías escritas entonces, pero jamás ahora
observadas; en esos tiempos en que con dos alguaciles, se hacía mejor el
servicio de seguridad pública, que lo que lo hacen hoy tantísimos
gendarmes, sanguijuelas de las entradas nacionales; en esos tiempos, en
fin, en que sin duda alguna el grito de Independencia nacional hubiera
hecho cesar todas las disensiones internas de nuestros pueblos; hubiera
acallado las desordenadas ambiciones de nuestros pretendidos grandes
hombres, y hubiera impulsado a todos para reunir todos sus esfuerzos,
todo, todo su conato para sacudir la cadena del oprobio; en esos tiempos
todos eran felices, todos hoy... Las opulentas minas del Potosí, las no
menos ricas, pero no tan afamadas de Lipes, eran las que consumían en casi
su totalidad, los productos salitreros de Tarapacá. Por los años de 1825 y
1826 vivía en Tacna un joven comerciante francés don Héctor Bacque: en sus
viajes a Tarapacá reconoció las salitreras. La guerra dilatada de la
Independencia había suspendido, o arruinado los trabajos de los asientos
minerales -igual suerte corrían las labores de las salitreras de la Noria.
En medio de esas ruinas, Bacque descubrió grandes riquezas para el
porvenir, y estableció trabajos en la Noria, que hoy serían considerados
ridículos. El nombre de Bacque es hoy olvidado en la provincia ¿quién sabe
allí que Bacque fue el restaurador de la industria salitrera, el que llevó
muestras e hizo conocer en Europa esos portentosos depósitos? Como tantos
otros descubridores, como tantos bienhechores de la humanidad, su nombre
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