La noche de los tiempos (Rene Barjavel) - pág.43
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miniatura, y la de la minicámara.
En el fondo del Pozo, Leonova agarra el cable con sus dos manos enguantadas, y
lo introduce en el agujero negro. Cuando ha penetrado más o menos un metro, ella
levanta los brazos. Lanson interrumpe la progresión del cable.
- Todo está listo - le dice a Hoover.
- Espérenme - dice Leonova.
Vuelve a subir sobre la plataforma, para mirar con todos los hombres presentes,
la pantalla del receptor de control, colocada al borde del Pozo.
- Adelante - dice Hoover.
Lanson se vuelve hacia el técnico.
- ¡Luz!...
Sobre el piso de oro, el ojo del reflector se enciende, el de la cámara mira.
La imagen sube a lo largo del cable, atraviesa la tormenta, brota desde lo alto
de la antena de EPI 1 hacia Trío inmóvil en el vacío negro del espacio, rebota
hacia los otros satélites, y cae como lluvia hacia todas las pantallas del
mundo.
La imagen aparece sobre la pantalla de control. No hay nada.
Nada más que un lento remolino grisáceo que trata en vano de atravesar la luz
del minireflector. Se parece al esfuerzo inútil de un faro de automóvil en una
sábana de niebla londinense.
- ¡Tierra! - grita Hoover -. ¡Horrible tierra!...
Son los torbellinos provocados por la succión de aire que han provocado estos
remolinos... Pero ¿cómo ha podido la maldita tierra penetrar en esta bendita
Esfera tan herméticamente cerrada?
Un difusor le contesta. Es Rochefoux que habla desde la Sala de Conferencias.
- Haga saltar rápidamente el fondo de la caja - dijo -. Y vaya a ver...
El fondo del Pozo estaba abierto.
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