El cura de Tours (Honore de Balzac) - pág.5
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El abate Troubert vivía. El abate Chapeloud murió, y Birotteau le sucedió inmediatamente.
El abate Chapeloud, canónigo de Saint-Gatien, había sido amigo íntimo del abate Birotteau. Siempre que el vicario entraba en casa del canónigo, admiraba la habitación, los muebles y la biblioteca. De esta admiración nació un día el deseo de poseer cosas tan bellas. No pudo el abate Birotteau sofocar este ansia, que a menudo le hacía sufrir horriblemente, cuando se ponía a pensar que la muerte de su mejor amigo era lo único que podía satisfacer su oculta concupiscencia y que ésta aumentaba cada día. El abate Chapeloud y su amigo Birotteau no eran ricos. Hijos de aldeanos los dos, no tenían otra cosa que los flacos emolumentos concedidos a los presbíteros, y sus exiguas economías se consumieron en pasar los tiempos desgraciados de la Revolución. Cuando Napoleón restableció el culto católico, el abate Chapeloud fue nombrado canónigo de Saint-Gatien y Birotteau vicario de la catedral. Chapeloud se hospedó entonces en casa de la señorita Gamard. Cuando Birotteau fue a visitar a su amigo en su nueva vivienda, le pareció perfectamente distribuida; pero no vio más. El nacimiento de su concupiscencia mobiliaria fue semejante al de una pasión verdadera, que en un joven comienza a veces por una fría admiración por la mujer a quien más tarde amará por siempre.
La vivienda, a la cual daba acceso una escalera de piedra, estaba en un cuerpo del edificio orientado al Mediodía. El abate Troubert ocupaba el piso bajo, y la señorita Gamard el primer piso del cuerpo principal, que daba a la calle. Cuando Chapeloud entró en su alojamiento, las habitaciones estaban desnudas y los techos ennegrecidos por el humo.
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