El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.14
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de las llaves de la caja de seguridad del jefe de policía Nelson.
Era medianoche. Shorty se hallaba bonitamente en el valle, fuera de la ciudad.
La luna era llena y grande y brillaba extrañamente en un cielo de azul Purísimo
La nieve pulverizada le entumecía los pies; el aire frío penetraba en sus
pulmones como agujas sutiles que los punzaban dolorosamente. El trombón se
notaba también frío bajo los guantes. Allá lejos podían verse las luces de las
puertas y las ventanas de la iglesia de Todos los Acogidos danzando en la noche.
De repente, se le ocurrió pensar en sí mismo: « ¿Qué estoy haciendo aquí solo?»,
- se preguntó. Y se contestó a sí mismo -:
«He salido de la ciudad para tocar una vez más mi trombón». Sus manos temblaban
de frío y de emoción al quitarse los guantes.
« M hombre le gusta tocar el trombón; el hombre tiene que tocar el trombón »,
- dijo, dirigiéndose a un conejo que había irrumpido en escena, saliendo de
debajo de una mata y volviendo a retirarse de nuevo rápidamente.
Contempló las silenciosas colinas cubiertas de nieve y luego se volvió hacia las
luces familiares de la iglesia de Todos los Acogidos y comprendió que ésta iba a
ser la última vez que tocase el trombón. «De no ser así, te hubieras ido a las
montañas a ocultarte» - se dijo a sí mismo.
Dio un potente resoplido al instrumento. Sonaba realmente fuerte. Y se
estremeció de sorpresa cuando oyó que el cono musical en la iglesia le
contestaba en la misma forma.
Shorty hinchó su pecho con el aire puro del valle.
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