El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.13
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siempre. Pero los conos musicales sólo registran lo mejor de su música y
eliminar el resto.
- Se encogió de hombros -. Sorben el alma que el artista pone en la música. Yo
todavía conservo mi propia estimación, aunque sólo toque para mi...
Con astuta facilidad, Shorty abrió sigilosamente con la punta del pie el último
cajón de la mesa de despacho del jefe de policía y vio brillar en su interior el
cristal de una botella.
- Yo no sé... - intervino el alguacil -, pero cuando mi cono musical toca una
melodía triste, me parece que me entran ganas de llorar. Y si la melodía es
alegre, me hace reír. No soy demasiado aficionado a la música, pero estos conos
me hacen vibrar más que la música antigua.
- ¿Y por qué no? Ellos se han apoderado de las almas de todos los mejores
músicos de la Tierra...-. Shorty atisbó el interior del cajón-. Parece que hay
aquí una botella... - dijo.
El alguacil atisbó a su vez.
- ¡Oiga!... ¡Tiene usted razón!
- Y parece una botella de whiski...
- prosiguió Shorty.
El gesto de la cara del alguacil era casi angelical.
- Pues claro que lo es... - exclamó entusiasmado -. ¿Cómo habrá venido a parar
esa botella a esta vieja cárcel?
- Pues está al alcance de la mano - insinuó Shorty.
- Por Dios que sí - dijo alborozado el alguacil, alcanzando la botella.
Entonces Shorty, al agacharse su interlocutor, le golpeó en la nuca. El hombre
no dijo ni Pío y cayó de bruces al suelo, inconsciente, mientras su agresor
murmuraba «¡Felices Pascuas!» y registraba los bolsillos de su víctima en busca
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