El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.11
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fiesta de Año Nuevo en Kingsbury.
- El día de Año Nuevo voy a ir a la fiesta de Del Gentry - repuso Edith -. Estoy
cansada de tener por compañía a un viejo y amargado reparador de aerocoches...
Él no pudo contenerse y derribó el árbol de Navidad de un violento manotazo.
Ella, entonces, se sentó con una sonrisa fija en su rostro, su copa de ponche
ante sí y sus brazos apoyados sobre la mesa. Como alguien que ha dicho algo
mucho tiempo esperado.
- ¡Fónico! - gritó Shorty exaltado -. Como los conos musicales... ¡Todo es
fónico!
- Pues claro que sí - exclamó ella-. Todo lo que ha sido inventado desde que
tenias veinte años, es fónico, Shorty. Pero el mundo sigue progresando. Ese
árbol es mejor que los antiguos, y los conos musicales hacen mejor música que la
vieja música...
Shorty arrancó de su estuche el pequeño cono musical casero que estaba encima
del aparador y lo hizo pedazos contra la pared. Los pequeños discos en forma de
oblea, que almacenaban la música más bella jamás oída, rodaron por el suelo
describiendo círculos caprichosos.
Edith no se movió.
- Ya nunca tendrás veinte años, Shorty, y jamás volverás a aspirar deleitándote
el aroma embriagador de los manzanos en flor en primavera...
- ¡Yo tengo un alma! - vociferó Sborty ya fuera de sí-. ¡No soy un reparador de
aerocoches!
- Tú tienes un yo - repuso ella.
Shorty, aturdido, salió corriendo de la estancia dando un portazo.
- ¡Felices Pascuas! - murmuró Edith mansamente.
El jefe de policía Nelson estaba en la taberna La Pata del Perro.
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