El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.10
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dijo Edith -. ¿Y tú, qué vas a hacer?
- Yo estoy pensando en asaltar la cárcel...
-¿Por qué?
- Porque han arrestado a mi trombón.
Los ojos de ella se burlaron de él.
- No te preocupes más de tu trombón, muchacho... Cuando el cono de Todos los
Acogidos se ponga a tocar, a nadie se le ocurrirá prestar atención a tu absurdo
instrumento.
- Pues en otros tiempos...
- ¡Deja ya eso, Shorty! En otros tiempos tú eras algo más que un simple
mecánico, reparador de aerocoches. Entonces te presentabas ante el pueblo y
tocabas tu música para él. Pero ahora no eres más que el viejo Shorty, mecánico
del taller de reparaciones de aerocoches, con una pensión de músico jubilado...
El rostro de Edith tenía un gesto increíblemente dulce, iluminado por el
resplandor opaco y multicolor de las luces del árbol de Navidad, un buen árbol
artificial con proyecciones en forma de bombillas eléctricas que formaban parte
de la misma planta y, sin embargo, se encendían como luces de colores, más
hermosas que las de los árboles de Navidad que estaban de última moda. Y estaba
aprobado, además, por la unión de aseguradores, pues el árbol generaba por sí
mismo la corriente eléctrica necesaria para su servicio y estaba construido a
prueba de golpes.
- ¿Qué estás intentando decir?
- Quizá que estoy cansada de esperar en vano algo que no acaba de llegar...
Quizá que voy a ir a la iglesia esta noche, sea como sea, con... Del Gentry.
- Creo que es perfectamente legal - dijo Shorty -, siempre que me libres de esa
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