El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.7
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que se hace interminable ante el temor de equivocarse, de dar mal una nota,
cuando todos desean que salga perfecto...
- Me temo mucho, Shorty, que el significado que tiene para usted la Navidad sean
las golosinas que se reparten en la rectoría a la una de la noche sonrió el
doctor Blaine -. No se trata de una representación, Shorty... Es algo que tiene
que ver con Cristo..., ¿comprende?
Shorty se sintió mejor después de la reprimenda. Verdaderamente, el doctor
Blaine era un buen pescador de almas. Y se sentía un gran consuelo cuando
alguien se preocupaba de uno...
- Sí, reverendo, lo comprendo...
- ¿Va a venir, entonces, al servicio de Nochebuena esta noche, Shorty?
El interpelado frunció el entrecejo, y dijo, todavía resentido:
- Ahora tiene usted su cono musical... El doctor Blaine le cogió por el brazo y
lo llevó con él al interior de la iglesia. Allí estaba el único cono verdadero
de Blessington, de casi dos metros de altura. Un montículo cónico de una
blancura inmaculada, como si continuase estando en Venus. « Vivía » con el
sonido, sin voces dominantes, sin explosiones, sin disonancias. «Vivía» con la
música, añadiendo a su repertorio todos los sonidos agradables que oía, hasta
que toda su agua se solidificaba, y entonces ya no podía oír ni recordar más.
Cerca de él estaba el cono excitador, un magnetófono casero corriente con forma
de cono, que producía las primeras notas en el tono deseado y luego las
entregaba amplificadas al cono musical, el cual las reproducía a la perfección,
sin escamotear un solo armónico de todos los músicos o cantantes que habían
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