El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.5
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chirona...
- Que lo intente - cortó Shorty decidido.
Se topó con el jefe de policía una manzana antes de llegar a la iglesia. Nelson
lo detuvo.
- Vamos a ver, Shorty. El pasado día 4 de julio le dije a usted que no volviese
a tocar ese cacharro ni a perturbar la paz.
- Pero... si no lo estoy tocando...; sólo lo llevo conmigo.
El policía se sopló las manos y pateó el suelo con sus pies para hacer entrar en
calor ambas extremidades, mientras su rostro estaba rojo, iluminado por el
resplandor de las guirnaldas luminosas que servían de adorno a la noche
navideña, tendidas allá arriba, sobre las luces del alumbrado público.
- Si un hombre lleva un revólver, lo natural es que sea para hacer uso de él...
- repuso.
- Este instrumento es de mi propiedad privada y personal...
- También yo tengo mis derechos - replicó el jefe de policía -: proteger la paz.
Ese malhadado instrumento suyo siempre la perturba cuando se toma usted dos
«especiales» en La Pata del Perro. Así que entréguemelo...
-No, no lo haré...
- Se lo devolveré a usted mañana, Shorty. Prefiero meter en la cárcel al
trombón, como medida de seguridad, que tener que meterlo a usted.
- ¡Váyase al infierno!
- Puede que me perdonen por haber mantenido el orden con mi medida preventiva -
repuso el jefe de policía. Sus brazos fornidos arrebataron el trombón que tenía
Shorty fuertemente aferrado. Éste balbuci6 algo incoherente e intentó atacar al
mantenedor de la ley, pero resbaló en la nieve y cayó al suelo.
- Continúe con su negocio de reparaciones - dijo el jefe de policía marchándose
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