El trombón de Navidad (Raymond E. Banks) - pág.4
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a casa, para estar en la cama a las diez con sus oídos bien rellenos de
algodón... No quería oír a los conos cantar los villancicos de Nochebuena. Él
había interpretado siempre su música, y así seguiría haciéndolo siempre... No
tocaría jamás para los conos musicales, como los otros imbéciles músicos de la
Tierra lo habían hecho, entregando sus almas a un cachivache mecánico... Él
tenía algo mejor dentro de sí.
Todavía no había salido al exterior, pero algún día se lo mostraría a todos.
Cuando estuviese preparado. Ninguna de aquellas interioridades de los conos
cambiaba y borraba como sabían hacerlo las suyas propias, porque habían oído
armonía, una armonía mejor...
Pasó resueltamente por delante de la puerta de La Pata del Perro. Había tiempo
después. Algunos ciudadanos entraban ya en aquel momento para pasar alegremente
la Nochebuena, y uno de ellos preguntó a Shorty cuánto tardarían en reparar su
aerocoche en el garaje y cuándo estaría listo. Siempre que Shorty tenía que
hacer una reparación particular, como en esta ocasión, balbucía algo acerca de
las piezas que habla que obtener « de estraperlo ». El ciudadano hacia girar sus
ojos y se encogía de hombros mientras sus compañeros reían...
- Cuando vinieron los conos musicales, perdimos un buen músico y ganamos un
pobre mecánico - dijo uno -´ ¿No es verdad, Shorty?
- No me hablen de los conos musicales... Ellos han labrado mi ruina...
- ¿Adónde va usted con ese viejo trombón, Shorty? - preguntóle otro -. Si le ve
a usted el jefe de policía con ese trasto, me parece que lo va a meter en
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