Con pena y sin gloria (Chiquita Barreto Burgos) - pág.50
Indice General
|
Volver
Página 50 de 63
colocara alguna vez en la rústica pared de tabla.
Luego fue al dormitorio, vio la ancha cama de trama de cuero, el
colchón de lana, herencia de la abuela, donde habían nacido ella y sus
hermanos. Abrió el nicho, donde sin ningún orden jerárquico estaban: Santa
Lucía, abogada del ojo; San Ramón, patrono del buen parto; San Rafael,
patrón de los caminantes; Santa Cecilia, abogada de los músicos; Sin
Isidro, patrón de los agricultores; San Onofre, protector de los
borrachos; Santa Elena; San Expedito, y por último, su santo favorito, San
Pascual bailón. Se despidió de cada uno, y después fue a su casa de
casada. No se atrevió a entrar. Julián no había ido a visitarla hacía una
semana. Se conformó con ir a mirar la planta de mango, que se había
estirado como un adolescente, dentro del cerquito que ella construyera
para protegerla; su vaca, Paloma, rumiaba tranquilamente echada junto a su
cría, una hemosa vaquillita, negra con manchas blancas.
Se fue despidiendo de todo, sin tristeza.
Ya de regreso entró al oratorio donde se había casado, por un segundo
recuperó todo el encanto de aquel día.
Por último visitó su antigua escuela... buscó el viejo pupitre donde,
con la ayuda de un pedazo de yilé garabateó su nombre: María Ugemia.
Regresó de prisa humedecida de rocío, quizá la madrugada estuviera
llorando.
Dentro de muy poco tiempo su ojo se apagaría, pero gracias a él había
disfrutado de las bellezas que guardaba su pequeño mundo, después de todo
-pensó- la vida fue generosa.
Llegó a tiempo. Se metió apresuradamente a ocupar su lugar en aquel
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-63
|