Con pena y sin gloria (Chiquita Barreto Burgos) - pág.31
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Mamá entrecierra los ojos y
sorbe fuerte la bombilla, como silbando para adentro.
Taita dice que la gente va a volver cuando necesiten, y que nosotros
estamos en condiciones de esperar. Pero el problema es otro. Mamá teme por
taita y por nosotros. Tiene miedo que gente fanática prenda fuego a
nuestra casa, y entonces sí sería realmente fea nuestra situación, porque
nos iríamos igual y con la mano sobre la cabeza. Por eso a taita le entró
el apuro por mudarnos, y con el apuro le entró la pena.
Todos estamos tristes, porque seguramente esta es la última semana
que estamos aquí.
La más triste es mamá porque va a tener que dejarle a su hijito que
está enterrado en el patio, en una casita azul que le mandó hacer taita
para que viva su muerte. Murió apenas nacido, según dice mamá porque no
iba a tener fuerzas para llevar la cruz de la vida, sobre sus espaldas.
Ella habla siempre de una pesada [57] cruz; yo me callo, y no le digo
a nadie lo que pienso. Yo no siento ninguna cosa sobre mi espalda. Ahora
mismo la tristeza grande que tengo por la mudanza, me aprieta en la
garganta. A lo mejor mi cruz se equivocó de lugar y en vez de ponerse
sobre mi lomo, como debe ser, se me atraviesa en la garganta, y a veces no
me deja ni hablar.
Nos tenemos que ir porque el comisario, le retobó a las gentes en
contra nuestra, dice que somos comunistas. Eso escuché. Y aquí lo que dice
el comisario es lo que vale.
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