Con pena y sin gloria (Chiquita Barreto Burgos) - pág.30
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marido tenés que decirle señor juez, nada de tomarte confianza- y la voz
apagada de mi madre animándome a salir de la casa a buscar una vida menos
dura que la de ella. [54] [55]
La mudanza
Taita está muy apenado por esta situación. La vida se hace muy
difícil para nosotros, casi imposible. Por eso debemos irnos, eso nos
explicó Taita. Nosotros también estamos apenados. Ya nada nos entusiasma.
Sin embargo, no podemos entender cuál es el problema.
La gente pasa de largo: ya no compran nada aquí. Se van donde el
señor Zandalio, o en el almacencito de allá enfrente del oratorio, gente
que eran nuestros amigos, pasan de largo sin saludar siquiera.
Como siempre taita se levanta muy temprano, abre el almacén, saca su
silla de vaqueta ahí en el corredor y se sienta a esperarle a mamá, que
mientras se calienta el agua para el mate, va a ordeñar la única vaquita
que nos queda aquí. Se murieron casi todas, una tras otra como si ellas
también se hubieran decidido a hacernos el vacío. Por eso taita decidió
llevar las pocas que sobraban, bien lejos, en un campito que tiene mi tío
Urias.
Cuando termina de ordeñar, mamá pone la leche sobre el fuego, y yo me
[56] quedo a cuidar para que no se derrame. Porque si la leche se quema la
ubre de la pobre vaquita se va a llenar de ampollas. Por eso yo me quedo a
cuidar. Recién entonces ella va a tomar mate con taita, en el corredor.
Mientras matean, conversan despacito.
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