David Copperfield (Charles Dickens) - pág.631
Indice General
|
Volver
Página 631 de 653
-Tienes mucha razón para elogiarla -repuse-. Eres un mortal dichoso. Y estáis hechos para comunicaros uno a otro la felicidad que cada uno lleva dentro.
-Es cierto que somos las personas más felices del mundo -repuso Traddles-; es una cosa que no puedo negar. Mira, Copperfield, cuando la veo levantarse con la luz, para ponerlo todo en orden; ir a hacer la compra, sin preocuparse nunca del tiempo, aun antes de que los empleados lleguen a la oficina; hacerme no sé cómo las comidas más sabrosas con los manjares más vulgares; hacerme puddings y pastas; volver a poner cada cosa en su sitio, y, siempre tan limpia y arreglada; esperarme por la noche, por tarde que sea, y siempre de buen humor, siempre dispuesta a animarme, y todo esto para darme gusto, no, verdaderamente es algo que no acabo de creer, Copperfield.
Contemplaba con ternura hasta las zapatillas que le había calentado, al meter sus pies en ellas.
-No puedo creerlo -repetía-. Y si supieras cuántas diversiones tenemos. No son caras, pero son admirables. Cuando estamos por la noche en casa y cerramos la puerta, después de haber echado las cortinas... que ha hecho ella... ¿dónde podríamos estar mejor? Cuando hace buen tiempo y vamos a pasearnos por las calles, tenemos también mil diversiones. Miramos los escaparates de las joyerías, y yo le enseño la serpiente con ojos de diamantes que le regalaría si pudiera; y ella me enseña el reloj de oro que me compraría si pudiese; después escogemos las cucharas y los tenedores, y los cuchillos y las pinzas para el azúcar, que más nos gustarían si tuviéramos medios, y, en realidad, nos vamos tan contentos como si nos los hubiéramos comprado. Otras veces vamos a pasear por las calles principales y vemos una casa que se alquila, y pensamos si nos convendría para cuando yo sea juez. Y ya nos la imaginamos. Esta habitación será para nosotros; esta otra, para una de las hermanas, etc., etc., hasta que decidimos si nos conviene o no. Algunas veces también vamos al teatro cuando es a mitad de precio y nos divertimos en grande. Sofía, al principio, cree todo lo que oye en la escena, y yo también. Y a la vuelta, a veces compramos algo en la tienda,,o algún cangrejo en la pescadería, y volvemos y hacemos una cena espléndida, mientras charlamos de lo que acabamos de ver. Y bien, Copperfield, ¿no es verdad que si fuera lord canciller no podríamos hacer eso nunca?
-Llegues a lo que llegues, mi querido Traddles -pensaba yo-, todo lo que hagas será bueno. A propósito -le dije en voz alta-, ¿supongo que ya no dibujarás esqueletos?
-No -respondió Traddles riendo y enrojeciendo-, bueno, no me atrevería a asegurarlo, mi querido Copperfield, pues el otro día estaba con una pluma en la mano y se me ocurrió pensar si habría conservado mi antiguo talento, y temo que haya un esqueleto con peluca... en el pupitre del Tribunal.
Nos reímos con ganas. Después Traddles se puso a decir con indulgencia: « ¡Ese viejo Creakle! ».
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
601
602
603
604
605
606
607
608
609
610
611
612
613
614
615
616
617
618
619
620
621
622
623
624
625
626
627
628
629
630
631
632
633
634
635
636
637
638
639
640
641
642
643
644
645
646
647
648
649
650
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|