Con pena y sin gloria (Chiquita Barreto Burgos) - pág.5
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dejando un pedazo unido al cuerpecito, que asustado quizá por la
mutilación, o por la violencia con que llega al mundo, se hecha a llorar.
Recuerdo que yo amé ese llanto, y que luego un cansancio gozoso me
adormeció.
Después sólo este camino sin árboles y esta lluvia, mojándome todos
los rincones del cuerpo, hablándome. Este murmullo que no entiendo, como
si fuera un idioma desconocido y dulce.
Mi cabeza es como un aula que poco a poco va llenándose con el
barullo de los niños. Después -como siempre- vendrá el orden y el rumor
confuso se volverá palabra, tendrá sentido.
Camino y camino.
No sé cuanto tiempo llevo andando. No estoy cansada. Mi cuerpo es
leve como la pluma y mis pies caminan sin tocar el suelo.
Estoy en un lugar desconocido, y los niños van a la escuela vestidos
de paloma. Me miran extrañados, me tienen miedo. No sé porqué, si yo
también soy paloma. Es cierto, estoy mojada, pero una paloma es siempre
inofensiva, mojada o seca.
Quiero hablarles. Pero huyen.
¿Dónde estarán mis hijos? Han huido también. Son desertores. Se
escaparon de la infancia. Ya no podrán caminar bajo [12] la lluvia sin que
les miren con espanto o pena. Yo he decidido volver a ella, voy a ser hija
de mis hijos. Me plancharon el guardapolvo, y me darán de comer pasado por
agua, antes de ir a la escuela, y yo levantaré mi pequeña mano de niña
para despedirme.
No recuerdo haber llegado aquí. Estoy acostada en una cama que no es
mía, y que huele a miseria, el olor a miseria es horrible.
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