David Copperfield (Charles Dickens) - pág.621
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No cóntesté a esta pregunta, y volví a los Murdstone.
-Ya sabía que se había casado de nuevo. ¿Asiste usted a la familia? -pregunté.
-Normalmente no; pero me han llamado algunas veces -contestó-. Los órganos frenológicos de la firmeza están poderosamente desarrollados en míster Murdstone y su hermana.
Contesté con una mirada tan expresiva, que míster Chillip, envalentonado con ella y con la segunda copa, movió varias veces la cabeza y exclamó, en tono pensativo:
-¡Ay querido! Nos acordamos de otros tiempos, míster Copperfield.
-¿Y el hermano y la hermana siguen el mismo estilo de vida? -dije.
-Verá usted -contestó míster Chillip-. Un médico no debía tener oídos y ojos nada más que para su profesión. Pero, sin embargo, tengo que decirle que son muy severos, lo mismo para esta vida que para la otra.
-Espero que en la otra sepan arreglarse sin su ayuda -repliqué-. ¿Qué es lo que hace ahora?
Míster Chillip agitó la cabeza, revolvió la bebida y echó un traguito.
-Era una mujer encantadora -observó en tono plañidero.
-¿La presente mistress Murdstone?
-Una mujer encantadora de verdad -dijo míster Chillip-. Estoy seguro de que era tan amable como es posible serlo. La opinión de mistress Chillip es que ha cambiado completamente de humor desde que se ha casado, y que está casi loca de melancolía. Hay que convenir que las señoras -observó míster Chillip temerosamente- tienen un gran espíritu de observación.
-Supongo que habrán querido someterla o romperla en su detestable molde, ¿que el Cielo la ayude!, y lo habrán conseguido -dije.
-Verá usted. Al principio había violentos altercados, se lo aseguro -dijo míster Chillip-; pero ahora no es más que una sombra. Me atrevería, señor, a decirle con confianza que, desde que la hermana vino en ayuda del hermano, los dos le han reducido casi a un estado de imbecilidad.
Le dije que lo creía fácilmente.
-No vacilo en decir -continuó míster Chillip, tomando un nuevo traguito de su bebida-, entre usted y yo, que su pobre madre murió a causa de ello, y que la tiranía, el humor sombrío y las persecuciones han hecho de mistress Murdstone casi un ser idiota. Antes de casarse era una mujer muy alegre; pero su austeridad la ha destrozado. Ahora la tratan más como si fueran sus guardianes que marido y cuñada. Esta era la observación que me hizo mistress Chillip no hace aún una semana. Y le aseguro a usted que las señoras son muy observadoras. La misma mistress Chillip es una gran observadora.
-Yes que sigue teniendo la pretensión de dar a este carácter sombrío (me avergüenza usar tal palabra para esta idea) el nombre de religión.
-No se anticipe usted -dijo míster Chillip, cuyos párpados iban tomándose cada vez más rojos con el estímulo inacostumbrado de que sacaba su valor-. Una de las observaciones más acertadas de mistress Chillip, una observación que me ha electrizado -siguió diciendo despacio-, es que míster Murdstone se eleva sobre un pedestal y se llama a sí mismo Naturaleza Divina.
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