La Pimpinela Escarlata (Baronesa de Orczy) - pág.47
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Hombres inteligentes, distinguidos, e incluso hombres de elevada posición, formaban una corte selecta alrededor de la fascinante y joven actriz de la Comédie Française, y ella se deslizaba por el París republicano, revolucionario y sediento de sangre como un cometa radiante cuya cola estaba formada por lo más exquisito y lo más interesante de la Europa intelectual.
Y de repente ocurrió lo inesperado. Algunas personas sonrieron con indulgencia y lo calificaron de extravagancia artística; otras lo consideraron una decisión prudente, en vista de los múltiples acontecimientos que se precipitaban en París en aquellos días; pero el verdadero motivo de aquel clímax siguió siendo un misterio y un rompecabezas para todos. Sea como fuere, un buen día Marguerite St. Just se casó con sir Percy Blakeney, así, por las buenas, sin soiré de contrat, diner de fiançailles ni ninguno de los accesorios de las bodas francesas al uso.
Nadie se podía explicar cómo aquel inglés estúpido y aburrido había logrado ser admitido en el seno del círculo intelectual que giraba en torno a «la mujer más inteligente de Europa», como la llamaban unánimemente sus amigos...
Una llave de oro abre todas las puertas, dice el refrán al que recurrían los maliciosos.
En fin; se casó con él, y «la mujer más inteligente de Europa» unió su destino al de aquel «maldito imbécil» de Blakeney, y ni siquiera los amigos más íntimos de Marguerite pudieron atribuir el extraño paso que había dado a otra causa que no fuera una extravagancia en grado sumo. Las personas que la conocían bien se reían burlonamente ante la idea de que Marguerite St. Just se hubiera casado con un idiota por las ventajas sociales que pudiera reportarle.
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