La Pimpinela Escarlata (Baronesa de Orczy) - pág.10
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.. -preguntó una vieja... Bibot Un ca con rro...
-Había doce.
-Una vieja que dijo que su nieto tenía la peste...
-Sí...
-¿No los habrá dejado pasar?
-¡Morbleu! -exclamó Bibot, cuyas mejillas se habían puesto repentinamente blancas de miedo.
-En ese carro iba la condesa de Tournay y sus dos hijos, los tres traidores y condenados a muerte.
-Pero, ¿y el conductor? -balbuceó Bibot al tiempo que un estremecimiento de superstición le recorría la columna vertebral.
-¡Sacré tonnerre! -exclamó el capitán-. ¡Pero si se teme que fuera ese maldito inglés, Pimpinela Escarlata!
II
DOVER, EN LA POSADA «TH
FISHERMAN´S REST»
En la cocina, Sally estaba muy atareada;
sartenes y cacerolas se alineaban en el gigantesco
fogón, el enorme perol del caldo estaba en una
esquina y el espetón daba vueltas con lentitud y
parsimonia, presentando alternativamente a la
lumbre cada lado de una pierna de vaca de
nobles proporciones. Las dos jóvenes pinches
trajinaban sin cesar, deseosas de ayudar,
acaloradas y jadeantes, con las mangas de la
blusa de algodón bien subidas por encima de sus
codos rollizos, emitiendo risitas sofocadas por
alguna broma que sólo ellas conocían cada vez
que la señorita Sally les volvía la espalda. Y la
vieja Jamima, de ademán impasible y sólida
mole, no paraba de refunfuñar en voz baja,
mientras removía metódicamente el perol del
caldo sobre la lumbre.
-¡Venga, Sally! -se oyó gritar en el salón
con acento alegre, si bien no demasiado
melodioso.
1 THE FISHERMAN’S REST: El descanso del pescador (N.
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