David Copperfield (Charles Dickens) - pág.597
Indice General
|
Volver
Página 597 de 653
Usted quizá lo ha visto, y no le ha disgustado. Desde aquel día sólo he sido para ustedes dos un mueble insensible, que no tenía ojos ni oídos, ni sentimientos ni recuerdos. ¡Ah! ¿Llora usted? ¿Llora por lo que ha hecho de él? No llore por su amor. Ya le digo que hubo un tiempo en que yo le amé más de lo que usted le ha amado nunca...
Lanzó una mirada de cólera sobre aquella figura inmóvil, cuyos ojos no parpadeaban, y no se conmovía con los gemidos repetidos de la madre, que parecían salir de la boca de una pintura.
-Miss Dartle -le dije-, ¿es posible que tenga el corazón tan duro como para no compadecer a esta madre afligida...?
-¿Y a mí quién me compadecerá? -repuso con amargura-. Ella ha sembrado lo que recoge hoy.
-Y si los defectos de su hijo... -empecé.
-¡Los defectos! -exclamó con lágrimas apasionadas-. ¿Quién se atreve a juzgarle mal? Valía mil veces más que todos los amigos con quienes se encontraba.
-Nadie le ha querido más que yo; nadie conserva de él un recuerdo como el mío. Lo que quería decir es que, aunque no tuviera usted compasión de su madre; que aun cuando los defectos del hijo, pues usted tampoco lo ha cuidado mucho...
-Es falso -exclamó, arrancándose sus cabellos negros...-, yo le quería.
-Aun cuando -proseguí- sus defectos no pudieran ser en este momento arrojados de su recuerdo, al menos debía usted considerar a esta pobre mujer como si no la conociera, y socorrerla.
Mistress Steerforth no se había movido, no había hecho un gesto. Estaba inmóvil, fría, con la mirada fija, y continuaba gimiendo de vez en cuando, con un ligero movimiento de cabeza; pero no daba ninguna otra señal de vida. De pronto, miss Dartle se arrodilló a su lado y empezó a aflojarle la ropa.
-¡Maldito sea! -dijo, mirándome con una expresión mezclada de rabia y de dolor-. ¡Maldita sea la hora en que vino usted por primera vez aquí! ¡Maldito sea! ¡Váyase!
Después de salir volví a entrar para llamar y avisar a los criados. Tenía en sus brazos la figura insensible de mistress Steerforth, la abrazaba llorando, la llamaba, la estrechaba contra su pecho como si hubiera sido su hijo. Y cada vez redoblaba la ternura para atraer a la vida aquel ser inanimado. Ya no temí dejarlas solas. Volví a bajar sin ruido y avisé a toda la casa al salir.
Volví por la tarde. Acostamos al hijo en un lecho, en la habitación de su madre. Me dijeron que ella seguía lo mismo. Miss Dartle no la abandonaba. Los médicos también estaban a su lado. Habían intentado todos los remedios, pero continuaba en el mismo estado, siempre como una estatua, dejando oír sólo de vez en cuando el gemido monótono.
Recorrí aquella casa funesta; cerré todas las ventanas, terminando por las de la habitación donde «él» descansaba. Levanté su mano helada y la puse sobre mi corazón. El mundo entero me parecía muerte y silencio, sólo interrumpido por el gemido doloroso de la madre.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
551
552
553
554
555
556
557
558
559
560
561
562
563
564
565
566
567
568
569
570
571
572
573
574
575
576
577
578
579
580
581
582
583
584
585
586
587
588
589
590
591
592
593
594
595
596
597
598
599
600
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|