Casi extinguidos (Alan Barclay) - pág.15
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Las partidas de caza de los «Ranas» no estaban acostumbradas a luchar con los
humanos que se esconden en sitios más difíciles; cuando se ven perseguidos huyen
y se esconden y no presentan batalla más que cuando se ven acorralados. No
tenían noción de ningún ataque reciente, no provocado, por parte de los humanos.
De todos modos el ser humano era un animal astuto y peligroso y «los Ranas»
tomaron precauciones Mientras cuatro de ellos dormían, el quinto se quedó de
guardia.
Harrison bajó corriendo por el barranco desde lo alto del monte hacia donde se
veía el resplandor de la hoguera y aterrizó muy cerca de ellos, silenciosamente
como una hoja, y se quedó completamente inmóvil. Escuchando atentamente podía
oír los pequeños movimientos que hacía el que estaba de guardia y consiguió
distinguirlo bien para tenerle a tiro. Escogió su posición con cuidado y se fue
acercando hasta que estuvo a un metro de distancia del «Rana» y describiendo un
círculo con la pesada hoja de su cuchillo, le degolló. No se oyó más que un
pequeño zumbido cuando cayo el cuerpo.
Los otros cuatro estaban tendidos alrededor del fuego envueltos en gruesos
capotes. Harrison se acercó con mucho cuidado para cerciorarse de que estaban
dormidos. De repente saltó sobre el más próximo y le cortó la cabeza. El segundo
se movió y empezó a despertarse mientras Harrison sé abalanzaba sobre él y él
«Rana» no exhaló más que un leve gemido antes de morir. Mientras caía sobre su
tercera víctima se dio cuenta de que el último miembro de la banda se
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