Casi extinguidos (Alan Barclay) - pág.11
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tres y cuatro años fueron cogiendo su desayuno igual que otros. Las mujeres se
sirvieron del mismo modo. Liz invitó a Magda a que se uniera a ellas.
Son bollos de avena - le explicó -. En ese bote hay mantequilla, y, en aquel
otro, miel.
Magda se sentó junto a ellas y empezó a comer.
¿Te sorprenden estas costumbres, muchacha? - preguntó Liz.
Hasta ahora no había visto nada igual - afirmó la joven -. Mi padre me contaba
cosas maravillosas sucedidas en tiempos antiguos, pero en aquellos tiempos todo
eran máquinas y aquí no veo ninguna máquina.
Esto no son máquinas - aseguró Liz -. Esto es todo nuevo. Está hecho por la
evolución moderna.
No lo entiendo bien - respondió Magda.
Tampoco yo - afirmó Liz -. Es como lo llama Dad. Es cosa de él, de Joe y de los
niños. Había como sabe millones de los nuestros.
Claro que lo sé. Ciudades llenas de gente, automóviles, aviones. Antes que
vinieran los «Ranas».
Está bien. Nunca comprendí por qué nos odian tanto los «Ranas». Ellos
destruyeron todas las ciudades, persiguen a los que hemos sobrevivido.
Mi padre dice que ya queda poca gente. Dice que dentro de cincuenta años
estaremos totalmente extinguidos. Tiene razón. Antes vivían aquí varias
familias, ahora ya no quedamos más que nosotros.
Pero ¿por qué es esto un adelanto?
Es algo que no acabo de entender. Dad sí. Sabía muchas cosas de la gente cuando
era más joven; les hablaba y se iba educando con lo que oía. El y mi Joe no
olvidan fácilmente las cosas. Son hombres de lucha.
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