David Copperfield (Charles Dickens) - pág.568
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De esto se encargaron mi tía y míster Micawber. Después le presentaron a mi tía, y mistress Micawber me reconoció.
-Dispénseme usted, mi querido Copperfield -dijo la pobre señora dándome la mano-; pero no estoy fuerte, y el ver desaparecer de pronto todas las incomprensiones entre míster Micawber y yo ha sido una emoción demasiado fuerte.
-¿Es esta toda la familia, señora? -dijo mi tía.
-No tengo más por ahora -contestó mistress Micawber.
-¡Dios mío! No quería decir eso -dijo mi tía-. Quería decir si todos estos chicos eran de usted.
-Señora, todos estos son míos, es la cuenta exacta.
-Y este joven -dijo mi tía con aire pensativo-, ¿qué hace?
-Cuando vine aquí era mi esperanza -dijo míster Micawber- hacerle entrar a Wilkins en la Iglesia o, para expresar mi idea con más exactitud, en el coro. Pero no había plaza vacante de tenor en este venerable edificio, que es la gloria de esta ciudad, y... en una palabra, se ha acostumbrado a cantar en cafés y lugares públicos, en vez de ejercitarse en los edificios sagrados.
-Pero es con buena intención -dijo tiernamente mistress Micawber.
-Estoy segura, amor mío -contestó míster Micawber-, que lo hace con la mejor intención del mundo; pero hasta ahora no ves demasiado para qué le ha servido.
El aspecto negativo le volvió a míster Micawber, y preguntó, un poco enfadado, qué querían que hiciese. Si creían que podía improvisarse un carpintero, o un herrero, sin aprendizaje. Eso era lo mismo que pedirle que volara sin ser pájaro. Si querían que abriera una botica en la calle de al lado, o si querían que se presentara en la Audiencia y que se proclamase él mismo abogado. ¿O querían que cantase en la ópera y obtuviera éxito a fuerza de violencia? ¿Qué querían que hiciera, si no le habían enseñado nada?
Mi tía reflexionó un momento, y dijo luego:
-Míster Micawber, me sorprende que no haya usted pensado nunca en emigrar.
-Señora -contestó míster Micawber-, ha sido el sueño dorado de mi juventud y la aspiración feliz de mi edad madura. (Estoy plenamente convencido de que jamás había pensado semejante cosa.)
-¡Ay! -dijo mi tía, lanzándome una mirada-, ¡qué cosa más buena sería para ustedes y su familia, míster y mistress Micawber, que emigraran ahora!
-Sí; pero... ¿y el capital, señora? -exclamó míster Micawber tétricamente.
-Esta es la principal, y puedo decir la única, dificultad, mi querido míster Copperfield -asintió su mujer.
-¿Capital? -exclamó mi tía-. ¡Pero nos están haciendo y nos han hecho ya un gran servicio, y puedo decir que seguramente saldrían todavía muchas cosas de este fuego! ¿Qué mejor cosa podríamos hacer por ustedes que procurarles el capital para ese objetivo?...
-No lo recibiría como donativo -dijo míster Micawber con fuego y animación-; pero si pudieran adelantarme una suma suficiente, al cinco por ciento de interés anual, bajo mi responsabilidad personal, podría reembolsarlo poco a poco; por ejemplo, en una fecha de doce, dieciocho o veinticuatro meses, para darme tiempo.
-¿Si se pudiera? Sí que se puede, y se hará -dijo mi tía-, si a ustedes les conviene.
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