David Copperfield (Charles Dickens) - pág.563
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Yo sé que mi hijo será humilde, caballeros, si le dan ustedes tiempo para que lo piense. Míster Copperfield, estoy segura de que usted sabe que ha sido siempre muy humilde.
Era curioso ver cómo la madre usaba las antiguas artimañas, después de que el hijo las había abandonado como inútiles.
-Madre -dijo él mordiendo con impaciencia el pañuelo en que tenía envuelta la mano- Mejor harías cogiendo un fusil y descargándolo contra mí.
-Pero yo lo quiero, Uriah -exclamó mistress Heep; y no dudo de que así fuera, por muy extraño que esto pueda parecer, pues eran tal para cual-, y no puedo soportar el oírte provocar a esos señores y ponerte todavía más en peligro. enseguida he dicho a los señores, cuando me han dicho arriba que todo se había descubierto, que yo respondía de que tú serías humilde y que cederías. ¡Oh, señores; miren cuán humilde soy y no hagan caso de él!
-Pero ¡madre; ahí está Copperfield -contestó furioso, apuntándome con su flaco dedo; todo su odio lo dirigía contra mí, como si fuera yo el promotor del descubrimiento, y no le desengañé-, ahí está Copperfield, que te hubiera dado cien libras por decir menos de todo lo que estás soltando.
-¡No lo puedo remediar, Ury! -gritó su madre-. No puedo verte correr un peligro así llevando la cabeza tan alta.
Es mucho mejor que seas humilde, como siempre lo has sido.
Uriah permaneció un momento mordiendo su pañuelo, y luego me dijo, mirándome con ceño:
-¿Qué más tienen ustedes que añadir, si es que hay algo más? ¿Qué quieren ustedes de mí?
Míster Micawber empezó nuevamente con su carta, contento de representar un papel de que estaba altamente satisfecho:
«Tercero y último: Estoy ahora en condición de demostrar, por los libros falsos de Heep y por el memorándum auténtico de Heep, que durante muchos años Heep se ha aprovechado de las debilidades y defectos de míster W. Para llegar a sus infames propósitos. Con este fin ha sabido también aprovechar las virtudes, los sentimientos de honor y de afecto paternal del infortunado míster W Todo esto lo demostraré gracias al cuaderno quemado en parte (que al principio no entendí, cuando mistress Micawber lo descubrió accidentalmente en nuestro domicilio, en el fondo de un cofre destinado a contener las cenizas que se consumían en nuestro hogar doméstico). Durante muchos años míster W ha sido engañado y robado, de todas las maneras imaginables, por el avaro, el falso, el pérfido Heep. El fin principal de Heep, después de su pasión por el lucro, era tener un poder absoluto sobre míster y miss W.. (no diré nada acerca de sus intenciones ulteriores sobre esta). Su última acción, acaecida hace algunos meses, fue inducir a míster W a abandonar su parte de la asociación y vender el mobiliario de su casa con la condición de que recibiría de Heep, exacta y fielmente, una renta vitalicia, pagadera cada tres meses. Estos enredos empezaban con las cuentas falsas sobre el estado financiero de míster W.
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