David Copperfield (Charles Dickens) - pág.562
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, y particularmente en una circunstancia que puedo atestiguar. Por ejemplo, del modo siguiente, a saber.»
De nuevo míster Micawber saboreó este amontonamiento de palabras, cosa que generalmente le era muy peculiar. Lo he observado en el transcurso de mi vida en muchos hombres. Me parece que es una regla general. Tomando por ejemplo un asunto puramente legal, los declarantes parecen regocijarse muchísimo cuando logran reunir unas cuantas palabras rimbombantes para expresar una idea, y dicen, por ejemplo, que odian, aborrecen y abjuran, etc., etc. Los antiguos anatemas estaban basados en el mismo principio. Hablamos de la tiranía de las palabras, pero también nos gusta tiranizarlas, nos gusta tener una colección de palabras superfluas para recurrir a ellas en las grandes ocasiones; nos parece que causan efecto y que suenan bien. Así como en las grandes ocasiones somos muy meticulosos en la elección de criados, con tal de que sean suficientemente numerosos y vistosos, así, en este sentido, la justeza de las palabras es una cuestión secundaria con tal de que haya gran cantidad de ellas y de mucho efecto.
Y del mismo modo que las gentes se crean disgustos por presentar un gran número de figurantes, como los esclavos, que cuando son demasiado numerosos se levantan contra sus amos, así podría citar yo una nación que se ha acarreado grandes disgustos, y que se los acarreara aun mayores, por conservar un repertorio demasiado rico en vocabulario nacional.
Míster Micawber continuó su lectura, poco menos que lamiéndose los labios:
« Por ejemplo, del modo siguiente, a saber: estando míster W. muy enfermo, y siendo lo más probable que su muerte trajera algunos descubrimientos propios para destruir la influencia de Heep sobre la familia W (a menos que el amor filial de su hija nos impidiera hacer una investigación en los negocios de su padre), yo, Wilkins Micawber, abajo firmante, afirmo que el susodicho Heep juzgó prudente tener un documento de míster W, en el que se establecía que las sumas antes mencionadas habían sido adelantadas por Heep a míster W para salvarle a este de la deshonra, aunque realmente la suma no fue nunca adelantada por él y había sido liquidada hacía tiempo. Este documento, firmado por míster W y atestiguado por Wilkins Micawber, era combinación de Heep. Tengo en mi poder su agenda, con algunas imitaciones de la firma de míster W., un poco borradas por el fuego, pero todavía legibles. Y yo jamás he atestiguado ese documento. Es más, tengo el mismo documento en mi poder. »
Uriah Heep, sobresaltado, sacó de su bolsillo un manojo de llaves y abrió cierto cajón; pero, cambiando repentinamente de idea, se volvió hacia nosotros, sin mirar dentro.
«Y tengo el documento -leyó de nuevo míster Micawber, mirándonos como si fuera el texto de un sermón- en mi poder; es decir, lo tenía esta mañana temprano, cuando he escrito esto; pero desde entonces lo he transmitido a míster Traddles.»
-Es completamente cierto -asintió Traddles.
-¡Ury, Ury! -gritó la madre-. Sé humilde y arréglate con estos señores.
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