David Copperfield (Charles Dickens) - pág.500
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-De verdad, la admiraban mucho. Quizá su modo de vestir, quizá el efecto del sol y del aire libre en su cutis, quizá las atenciones de que era objeto; que fuera esto o aquello, la cuestión es que poseía un encanto que atraía la atención general.
Se detuvo un momento; los ojos de miss Dartle vagaban sin reposo de un punto a otro del horizonte, y se mordía convulsivamente los labios.
Littimer unió las manos, se puso en equilibrio en una sola pierna y con los ojos bajos adelantó su respetable cabeza; después continuó:
-La muchacha vivió así durante cierto tiempo, con un poco de depresión de vez en cuando, hasta que al fin empezó a cansar a míster James con sus gemidos y sus escenas repetidas. Ya no iba todo tan bien: míster James empezó a desarreglarse como antes. Cuanto más se alejaba él, más se entristecía ella, y puedo asegurar que no me sentía a gusto entre los dos. Sin embargo, se reconciliaron muchas veces, y verdaderamente esto ha durado más tiempo de lo que podía esperarse.
Miss Dartle fijó en mí sus miradas con la misma expresión victoriosa. Littimer tosió una o dos veces para aclararse la voz, cambió de pierna y prosiguió:
-Por fin, después de muchos reproches y lágrimas de la muchacha, míster James partió una mañana (estábamos en una casa de huéspedes, en las cercanías de Nápoles, porque a ella le gustaba mucho el mar), y bajo pretexto de que tenía que marcharse para bastante tiempo, me encargó que le anunciara que, en el interés de todo el mundo, se... -aquí Littimer tosió de nuevo- se marchaba. Pero míster James, debo decirlo, se comportó del modo más caballeroso, pues propuso a la muchacha que se casara con un hombre muy respetable, que estaba dispuesto a pasar la esponja por el pasado, y que valía tanto como cualquier otro al que hubiera pretendido por buen camino, pues ella era de una familia muy vulgar.
Cambió de nuevo de pierna y se pasó la lengua por los labios. Yo estaba convencido de que era a él a quien el canalla se refería, y veía que miss Dartle participaba de mi opinión.
-Fui igualmente encargado de aquella comunicación; yo no pedía más que hacer todo lo posible para sacar a míster James de su apuro y reconciliarle con su buena madre, a quien tanto ha hecho sufrir-, he aquí por qué me encargué de aquello. La violencia de la muchacha cuando supo su partida sobrepasó todo lo que podía esperarse. Estaba como loca, y si no se hubiera empleado la fuerza, se habría apuñalado o tirado al mar, o se habría destrozado la cabeza contra las paredes.
Miss Dartle se movía en el banco, con expresión de alegría, como si quisiera saborear mejor las palabras de que se servía el miserable.
-Pero sobre todo cuando llegué al segundo punto -dijo Littimer con cierta turbación- es cuando la muchacha se mostró tal como era. Se podría creer que por lo menos hubiera comprendido toda la generosa bondad de la intención; pero nunca he visto furor semejante.
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