David Copperfield (Charles Dickens) - pág.450
Indice General
|
Volver
Página 450 de 653
¡Sé que es una viejecilla mala! No me la traigas, mi querido Doady. (Era un diminutivo cariñoso de David.)
El predicarle no hubiera servido de nada, y me eché a reír, contemplándola con amor. ¡Qué felicidad! Me enseñó lo bien que sabía Jip estarse en un rincón en dos patas; es verdad que permanecía lo que dura un relámpago y volvía a caer. En fin, no sé el tiempo que hubiera podido pasar así, sin acordarme lo más mínimo de Traddles, si miss Lavinia no hubiera venido a buscarme. Miss Lavinia adoraba a Dora (me dijo que Dora era su vivo retrato de cuando era joven. ¡Cómo debía haber cambiado!) y la trataba como un juguete. Quise convencer a Dora de que saliera a ver a Traddles; pero en cuanto se lo propuse corrió a encerrarse en su habitación; por lo tanto, fui sin ella a reunirme con Traddles, y nos marchamos juntos.
-No podía haberte salido mejor -dijo Traddles-, y estas dos señoras son muy amables. No me extrañaría nada que te casaras muchos años antes que yo, Copperfield.
-¿Tu Sofía toca algún instrumento, Traddles? -pregunté con orgullo en mi corazón.
-El piano lo sabe tocar lo bastante para enseñar a sus hermanitas -dijo Traddles.
-¿Y canta?
-Algunas veces canta baladas para divertir a las otras cuando no están de buen humor -dijo Traddles-; pero nada extraordinario.
-¿Y no canta acompañándose de la guitarra?
-¡No, Dios mío!
-¿Y pinta? .
-No -dijo Traddles.
Le prometí que oiría cantar a Dora y que le enseñaría las flores que pintaba. Me dijo que le encantaría, y volvimos del brazo muy felices. Yo le animaba a que me hablara de Sofía, y lo hacía con tanta ternura y confianza en ella, que me conmovía. La comparaba con Dora en el fondo de mi corazón, con gran satisfacción para mi amor propio; pero reconociendo que sería una excelente mujer para Traddles.
Como es natural, le conté inmediatamente a mi tía el dichoso resultado de nuestra charla y la puse al corriente de todos los detalles. Se sentía feliz al verme tan dichoso, y me prometió ir cuanto antes a ver a las tías de Dora. Pero aquella noche, mientras yo escribía a Agnes, se estuvo paseando tanto rato de arriba abajo por la habitación, que estuve a punto de creer que pensaba seguir así hasta la mañana siguiente.
Mi carta a Agnes, llena de afecto y reconocimiento, le detallaba todos los buenos resultados de los consejos que me había dado. Me contestó a vuelta de correo con una carta llena de confianza, razonable y contenta; desde aquel día siempre me demostró la misma alegría.
Tenía más trabajo que nunca; pero aunque Putney estaba lejos de Highgate, donde tenía que ir todos los días, iba todo lo que podía. Como no me era posible ir a casa de Dora a la hora del té, obtuve por medio de miss Lavinia el permiso para ir todos los sábados después de comer, sin que eso impidiera mi visita del domingo.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
401
402
403
404
405
406
407
408
409
410
411
412
413
414
415
416
417
418
419
420
421
422
423
424
425
426
427
428
429
430
431
432
433
434
435
436
437
438
439
440
441
442
443
444
445
446
447
448
449
450
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-653
|